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Tres copias de cada boda, en dos tipos de soporte distintos, con una de ellas fuera de tu estudio. Es la regla 3-2-1, la formuló el fotógrafo Peter Krogh en The DAM Book y sigue siendo el estándar del sector porque cubre los tres desastres reales: el disco que se rompe, el borrado por error y el incendio o el robo que se lleva el estudio entero. La primera copia se hace el mismo día de la boda, antes de formatear ninguna tarjeta.
En esta guía tienes cuántas copias necesita de verdad una boda, qué soporte poner en cada una y cómo falla cada uno, en qué momento exacto del flujo se hace cada copia, qué archivos merece la pena guardar y cuáles no, cuánto tiempo conservar el archivo y cómo comprobar una vez al año que esas copias sirven para algo.
Actualizado: septiembre 2026
Tres. Una copia de trabajo, una copia local independiente y una copia fuera del estudio. Con menos de tres estás a un único fallo de perder una boda entera, y una boda no se puede repetir: no hay segunda toma de la ceremonia.
La regla se enuncia como 3-2-1 porque los números responden a tres preguntas distintas. El tres es cuántos ejemplares hay del mismo material. El dos es en cuántos tipos de soporte diferentes viven, para que un fallo del tipo de soporte no se los lleve a la vez. El uno es cuántos están físicamente fuera del sitio donde trabajas, para que un incendio, una inundación o un robo no acaben con todo.
Dos copias en dos discos idénticos comprados el mismo día no son dos copias reales: son dos unidades del mismo lote, con la misma electrónica y la misma probabilidad de fallar a la vez. Y dos carpetas en el mismo ordenador tampoco cuentan, porque un borrado por error o un cifrado malicioso las alcanza a las dos.
La copia de trabajo vive donde editas: el disco interno del ordenador o un SSD externo rápido conectado al equipo. Es la que se usa a diario, la que más se toca y por eso la que más riesgo tiene de que alguien borre una carpeta sin querer. Nunca es la copia de referencia.
La segunda copia va en almacenamiento local pero independiente: un disco duro externo que solo se conecta para copiar, o un NAS con sus discos en espejo. Un NAS en espejo protege del fallo de un disco, no de un borrado ni de un cifrado malicioso, porque el error se replica al instante en el otro disco. Sigue siendo una copia, no un sistema de copias.
La tercera vive fuera: un servicio de almacenamiento en la nube, o un disco que guardas en otra dirección y rotas cada pocas semanas. Cada soporte tiene su modo típico de fallo, y conocerlo es lo que te dice qué otra copia lo compensa.
La primera copia se hace el mismo día, antes de dormir y antes de formatear nada. El momento de mayor riesgo de toda la boda son las horas que van del último baile a la primera descarga: todo el material existe en un único sitio, y ese sitio cabe en un bolsillo. Volcar las tarjetas a dos destinos distintos esa misma noche elimina el riesgo de golpe.
Por eso la regla es no formatear una tarjeta hasta que su contenido esté en dos copias verificadas. Las tarjetas que ya has volcado se guardan bloqueadas y sin reutilizar hasta que la boda esté entregada, si tu volumen te lo permite: es la copia cero, y es gratis.
Después la cadencia es sencilla. Durante la edición, la copia de trabajo se respalda a diario o cada vez que cierras sesión. Al terminar la entrega, cierras el archivo de esa boda: se congela, se copia a los tres destinos con la estructura definitiva y se anota en tu índice de bodas. Un archivo cerrado es de solo lectura, no se vuelve a tocar.
No todo el material pesa lo mismo ni vale lo mismo. Una boda de fotografía suele moverse entre decenas y unos pocos cientos de gigabytes en bruto, y una de vídeo se va con facilidad a varios cientos porque los brutos en 4K ocupan mucho más que los RAW. Guardar todo indefinidamente no es una política de archivo, es no haber decidido.
El criterio útil es separar lo irrepetible de lo reproducible. Los RAW y los brutos de vídeo son irrepetibles: si desaparecen, no hay forma de recuperarlos. Los JPG entregados y la película montada son reproducibles mientras existan los originales y el proyecto de edición, pero cuestan horas de rehacer, así que conviene guardarlos también.
Lo que sí puedes soltar sin drama son los archivos intermedios: previsualizaciones, cachés de render, exportaciones de prueba, copias de transcodificación y las versiones descartadas de un montaje. En vídeo suelen ser la mitad del peso del proyecto y se regeneran solos.
La galería entregada y tu archivo maestro son dos relojes distintos. La galería suele estar online entre 6 y 12 meses con opción de renovar, porque es un canal de entrega. Tu archivo maestro dura lo que diga tu política escrita, y esa política tiene que poder explicarse: el artículo 5.1.e del RGPD pide conservar los datos personales solo el tiempo necesario para la finalidad que los justifica. Un plazo razonable y anunciado vale; guardarlo todo para siempre porque nunca borras nada, no. Contenido divulgativo: para tu caso concreto, consulta con tu asesoría.
Sea cual sea el plazo, díselo a la pareja por escrito en el contrato, y avísale antes de borrar. La mayoría de las reclamaciones por material perdido nacen de una expectativa que nadie puso por escrito.
Y verifica. Una copia que nadie ha abierto nunca no es una copia, es una suposición. Una vez al año, elige dos bodas al azar del archivo, restaura una carpeta completa desde la copia de fuera y ábrela: si las imágenes se ven y el vídeo se reproduce, tu sistema funciona. Si no, acabas de descubrirlo en el único momento en que todavía puedes arreglarlo.
Conviene decirlo claro, y también lo decimos de nuestra propia plataforma: una galería online es un canal de entrega, no un sustituto de tus copias de seguridad. Guarda los archivos que has subido, que casi nunca son los RAW ni los brutos de vídeo, y vive en un proveedor del que no eres dueño. Cuenta perfectamente como una de las tres copias, y no como las tres.
Dicho eso, sí resuelve dos cosas del problema. La primera es la copia de fuera: lo que subes a Revea queda en almacenamiento en la nube fuera de tu estudio, fotos y vídeo con su cuota separada según el plan, así que el material entregado sobrevive aunque desaparezca tu oficina entera. La segunda es la permanencia: una galería que llega a su fecha de expiración deja de ser visible, pero las fotos y los vídeos siguen donde estaban, y reactivarla es un clic tuyo o una renovación de tu cliente. Con la cuenta activa, solo se borra lo que borras tú.
En Revea vemos que el fallo más caro no es técnico, es de expectativas: la pareja que da por hecho que su fotógrafo guarda su boda para siempre y el fotógrafo que da por hecho que la plataforma es su archivo. Escribe tu política, mete la galería en el plan como una copia y mantén las otras dos bajo tu control.
Tres, siguiendo la regla 3-2-1: tres ejemplares del mismo material, repartidos en dos tipos de soporte distintos y con uno de ellos fuera de tu estudio. Con dos copias en el mismo edificio, un incendio o un robo se lleva la boda entera, y una boda no se puede volver a fotografiar.
Cuando su contenido esté en dos copias distintas y hayas comprobado que los archivos se abren. Lo ideal es guardar las tarjetas volcadas sin reutilizar hasta que la boda esté entregada: mientras quepa en tu flujo, son una copia cero gratuita que te cubre las horas más delicadas.
No. La nube cubre muy bien el incendio y el robo, pero depende de tu conexión, de tu cuota contratada y de una cuenta que puede quedarse sin pagar o bloqueada. Es un soporte excelente para la copia de fuera del estudio, siempre acompañada de al menos una copia local que controles tú.
No del todo. El espejo protege del fallo de un disco, que es solo uno de los tres desastres posibles. Si borras una carpeta por error o un programa malicioso cifra los archivos, el cambio se replica al instante en el otro disco. Un NAS cuenta como una copia, nunca como el sistema entero.
Guarda siempre los RAW y los brutos: son el material irrepetible. Los entregables y el proyecto de edición conviene conservarlos también porque rehacerlos cuesta horas. Lo que puedes soltar sin problema son cachés, previsualizaciones, transcodificaciones y pruebas descartadas.
El plazo lo fijas tú, pero tienes que poder explicarlo: el artículo 5.1.e del RGPD pide conservar los datos personales solo el tiempo necesario para su finalidad. Escribe el plazo en tu política, indícalo en el contrato y avisa antes de borrar. Para tu caso concreto, consulta con tu asesoría.
Una vez al año como mínimo. Elige dos bodas al azar del archivo, restaura una carpeta completa desde la copia que tienes fuera del estudio y ábrela. Si las fotos se ven y el vídeo se reproduce, el sistema funciona. Una copia que nadie ha abierto nunca es una suposición, no una copia.
Sube cada boda a una galería de Revea con foto y vídeo en el mismo sitio: el material entregado queda fuera de tu estudio, expirar no borra nada y la pareja puede renovar su galería cuando le toque. Prueba Revea 30 días gratis, sin tarjeta.
Probar Revea gratisQué hacer si la pareja pierde las fotos de su boda: cómo recuperarlas, cuánto conservar tu archivo, qué pasa al caducar la galería y cómo evitar que se repita.
Cuánto tiempo puedes conservar las fotos de una boda según el RGPD: plazos por tipo de archivo, cómo escribir tu política y qué borrar en cada momento.
¿Cuánto tiempo debe estar online una galería de boda? Práctica sana: 6-12 meses incluidos, caducidad comunicada en el contrato y renovación como ingreso extra.