Entrega de bodas
Entrega dos tamaños de cada foto: la imagen a resolución completa, sin reducir, para imprimir y archivar; y una versión reducida de unos 2.048 píxeles de lado largo para redes y mensajería. Las dos en JPG y en espacio de color sRGB. Con ese par cubres desde una publicación de Instagram hasta un álbum de 30 × 30 centímetros.
Aquí tienes cuántos píxeles pide cada medida de impresión, hasta qué tamaño llega tu cámara, qué hace Instagram con la foto que subes, cómo exportar los dos tamaños sin duplicar el trabajo de entrega y los cuatro errores que arruinan una entrega técnicamente correcta.
Actualizado: agosto 2026
La entrega estándar de una boda son dos versiones de cada foto. La primera es el archivo a resolución completa tal y como salió del revelado: sin reducir, sin recortar, en JPG de calidad alta y en sRGB. Es el que va al laboratorio, al álbum y al disco duro de la pareja para los próximos veinte años.
La segunda es una versión ligera para compartir, con el lado largo alrededor de 2.048 píxeles. Pesa entre 0,5 y 1,5 MB frente a los 5–15 MB del archivo completo, así que sube rápido, se manda por mensajería sin comprimirse dos veces y no llena el móvil de nadie.
Más de dos tamaños es contraproducente. En cuanto entregas cuatro carpetas —"web", "media", "alta", "imprenta"— la pareja no sabe cuál usar, y acaba subiendo a Instagram el archivo de 12 MB y llevando al laboratorio el de 800 píxeles. La decisión sencilla es la que se cumple.
Para impresión fotográfica el estándar de laboratorio son 300 puntos por pulgada (ppp). La cuenta es directa: multiplica los centímetros por 118 y tienes los píxeles necesarios. Un álbum de 30 × 30 centímetros pide 3.543 × 3.543 píxeles; una copia de 20 × 30, unos 2.362 × 3.543.
A partir de cierto tamaño esa exigencia se relaja, porque una pieza grande no se mira a un palmo. Un cuadro de 40 × 60 centímetros aguanta bien a 200 ppp, es decir 3.150 × 4.724 píxeles, y un panel de 70 × 100 se sostiene a 150 ppp con 4.134 × 5.906. La distancia de visión hace el resto.
Con esos números, cualquier cámara actual va sobrada. Un sensor de 24 megapíxeles entrega 6.000 × 4.000: a 300 ppp da una copia de 50,8 × 33,9 centímetros, y a 240 ppp llega a 63,5 × 42,3. Uno de 45 megapíxeles, con 8.192 × 5.464 píxeles, alcanza casi 70 centímetros de lado largo a 300 ppp.
El problema nunca es la cámara: es el recorte. Una foto vertical recortada de un encuadre horizontal puede quedarse en la mitad de píxeles sin que se note en pantalla, y ahí sí conviene comprobar la medida antes de prometer un cuadro grande.
Las redes reprocesan todo lo que subes. Instagram publica las imágenes del feed a 1.080 píxeles de ancho, así que un archivo de 6.000 píxeles no se ve mejor: se recomprime más. Subir la versión de 2.048 píxeles de lado largo da un resultado igual o mejor y tarda una fracción del tiempo.
Lo que sí cambia el resultado es el formato. El feed admite vertical 4:5 (1.080 × 1.350), cuadrado 1:1 (1.080 × 1.080) y horizontal 1,91:1; las historias y los vídeos verticales trabajan en 9:16 (1.080 × 1.920). Como las cámaras disparan en 3:2, cualquier publicación implica un recorte, y ese recorte lo va a hacer la pareja si no lo haces tú.
Por eso merece la pena que el adelanto que sabes que se va a publicar salga ya encuadrado a 4:5. No hace falta reencuadrar la boda entera: con las diez o quince fotos que van a circular es suficiente, y evitas ver tus retratos cortados por la frente.
En vídeo pasa lo mismo con el peso. Una película de boda en máster no se sube a redes: lo que circula es una pieza corta y ligera. En Revea el vídeo vive en la galería en streaming adaptativo hasta 4K, así que la pareja lo enseña reproduciéndolo desde el enlace en lugar de reenviar un archivo que ninguna aplicación deja pasar entero.
La forma lenta es exportar dos veces, organizar dos carpetas y subirlas a dos sitios. Además de tardar el doble, obliga a la pareja a elegir carpeta antes de entender la diferencia, que es justo el momento en el que se equivoca.
La forma corta es subir una sola vez el archivo a resolución completa y dejar que la descarga ofrezca las dos opciones. En Revea la pareja elige entre calidad original y versión web al bajar la galería entera, una escena o una foto suelta, y el ZIP se prepara en segundo plano con aviso por email cuando está listo, aunque cierre el navegador.
Ese enfoque cambia también lo que ve el invitado. La galería sirve las imágenes ya optimizadas para pantalla desde una red de distribución global, así que una boda de mil fotos se navega en el móvil sin esperas, mientras el original intacto sigue guardado para cuando alguien quiera imprimir.
Si además organizas la boda por escenas —preparativos, ceremonia, cóctel, fiesta—, la descarga parcial deja de ser un problema. Quien solo quiere las diez fotos de la ceremonia se baja esa escena y no un archivo de siete gigas del día completo.
El primero es entregar en Adobe RGB. Es un espacio más amplio, pero navegadores, móviles y laboratorios trabajan en sRGB: una foto entregada en Adobe RGB se ve apagada en cuanto la suben a redes, y ese apagado te lo atribuyen a ti. Para la entrega al cliente, sRGB siempre.
El segundo es obsesionarse con los ppp del archivo. Los puntos por pulgada son un dato de la cabecera del JPG que no cambia ni un píxel de la imagen: en pantalla no significan nada, y en el laboratorio solo se usan si nadie indica la medida de la copia. Lo que manda son los píxeles reales.
El tercero es el enfoque de salida. El que se ve bien en un móvil de seis pulgadas aparece crujiente en una copia de 40 centímetros: los halos y los bordes duros se amplían con el papel. Si aplicas enfoque de salida, aplícalo distinto en cada versión, o no lo apliques en la que va a imprimirse.
El cuarto es olvidar los metadatos. Los datos de cámara no molestan a nadie, pero la geolocalización de una casa particular conviene quitarla antes de publicar la galería. Es un ajuste de exportación de treinta segundos que evita una conversación incómoda meses después.
Sin reducir, sin recorte adicional y con calidad 90 o superior. Es el archivo que un laboratorio va a imprimir dentro de diez años.
Centímetros × 118 te da los píxeles a 300 ppp. Revisa los verticales sacados de un encuadre horizontal antes de prometer un cuadro grande.
Entrega en galería con opción de calidad original o versión web, organizada por escenas para que se pueda bajar solo una parte.
Diez o quince imágenes reencuadradas para el feed evitan que el recorte automático de la red decida por ti.
Dos tamaños: el archivo a resolución completa en JPG y sRGB, para imprimir y archivar, y una versión de unos 2.048 píxeles de lado largo para redes y mensajería. Ese par cubre todos los usos reales de la pareja sin obligarla a elegir entre cuatro carpetas.
A 300 ppp, multiplica los centímetros por 118. Un álbum de 30 × 30 centímetros pide 3.543 × 3.543 píxeles y una copia de 20 × 30, unos 2.362 × 3.543. Cualquier cámara de 24 megapíxeles cubre esas medidas de sobra si la foto no está muy recortada.
Instagram publica el feed a 1.080 píxeles de ancho, así que subir el archivo completo no mejora nada y aumenta la recompresión. Sube la versión de 2.048 píxeles de lado largo, ya recortada al formato que vayas a usar: 1.080 × 1.350 en vertical o 1.080 × 1.080 en cuadrado.
Los ppp son un dato de la cabecera del archivo y no cambian la imagen: lo que determina hasta qué tamaño se puede imprimir son los píxeles reales. Entrega a resolución completa y el laboratorio calculará los ppp según la medida de la copia que le pidan.
Un archivo de 6.000 × 4.000 píxeles da 50,8 × 33,9 centímetros a 300 ppp y 63,5 × 42,3 a 240 ppp. En piezas grandes que se miran de lejos, a 150 ppp llega a un panel de unos 70 × 100 centímetros sin que la falta de resolución sea visible.
sRGB, siempre, tanto en el archivo completo como en la versión para redes. Es el espacio común de navegadores, móviles y laboratorios. Una entrega en Adobe RGB se ve apagada en cuanto el cliente la publica, y esa diferencia de color se te atribuye a ti.
No. Sube el archivo a resolución completa y que la galería sirva la versión optimizada para pantalla y ofrezca las dos calidades al descargar. En Revea el cliente elige entre calidad original y versión web, y el ZIP se prepara en segundo plano con aviso por email.
Galerías de foto y vídeo con descarga en calidad original o versión web, organizadas por escenas y con tu marca. Prueba Revea 30 días gratis, sin tarjeta.
Probar Revea gratisEntregar fotos en JPG o en RAW: qué formato pide la pareja, por qué el RAW no entra en el servicio, cómo cobrarlo si te lo piden y qué dejar por escrito.
Cómo descargar fotos de una galería online sin líos: qué opciones dar a la pareja, cómo evitar que se corte en el móvil y qué escribir en el email de entrega.
Guía práctica para fotógrafos: cómo entregar las fotos de una boda de forma profesional, galería online, organización por momentos, contraseña y descarga.