Contratos
Si la preboda se contrata a la vez que la boda, va dentro del mismo contrato, como apartado o anexo con su propia fecha, su alcance y sus entregables. Si se contrata después, o si la pareja quiere solo la sesión sin el reportaje del día, hazle un contrato aparte y corto. La regla es sencilla: un encargo, un documento. Lo que nunca funciona es dar por cubierta una sesión que el papel firmado no menciona.
En esta guía tienes cómo decidir entre un documento y dos, qué cláusulas necesita una sesión de preboda que tu contrato de boda no cubre, qué añade una postboda con vestido y desplazamiento, cómo encajar precio y plazos, y cómo dejarlo firmado el mismo día sin reescribir nada. Contenido divulgativo: para tu caso concreto, consulta con tu asesoría.
Actualizado: septiembre 2026
Decide por cuándo se cierra el encargo, no por el tipo de sesión. Si la pareja contrata boda y preboda en la misma reunión y paga una señal única, es un solo encargo: un contrato con un apartado propio para la sesión. Si la sesión aparece cuatro meses después, con su propio precio y su propio pago, es un encargo nuevo y merece su documento, aunque sea media página.
El error habitual no es elegir mal, es no elegir. Se añade la preboda por WhatsApp sobre un contrato que habla solo del día de la boda, y cuando llega el desacuerdo —la fecha, la localización, el plazo de entrega, quién paga la entrada al jardín botánico— no hay nada escrito. Un anexo de diez líneas firmado en el momento evita esa conversación entera.
Si tiendes a vender la sesión suelta a parejas que no son clientes tuyos de boda, te compensa mantener dos plantillas base. La de boda, larga, con cobertura, entregables y cancelación; y la de sesión, corta, que sirve igual para una preboda, una postboda o una sesión de pareja sin boda detrás. Reutilizas la que toque y no arrastras cláusulas que no vienen a cuento.
Tu contrato de boda está escrito para un día con hora de inicio y fin, un lugar y un volumen de entrega concretos. La preboda cambia esas cuatro cosas a la vez, así que las cláusulas que las fijan no sirven tal cual. Empieza por la fecha: la sesión rara vez la tiene cerrada al firmar, y necesitas una regla para acordarla y otra para moverla.
Cambia también el plazo de entrega, y es la diferencia más cara de ignorar. La preboda suele tener detrás una imprenta: el save-the-date, las invitaciones o la web de la boda. Un plazo de boda de varias semanas no encaja ahí. Escribe un plazo corto y propio de la sesión, y pregunta la fecha límite de imprenta antes de comprometerte con ninguno.
Y cambia el uso. Las fotos de una preboda se publican más y antes que las de la boda: van en un impreso que ven decenas de personas y en las redes de la pareja meses antes del enlace. El permiso de uso promocional que la pareja te dé, o te niegue, debe cubrir expresamente esas imágenes, y conviene dejar claro si la sesión puede publicarse antes de la boda o después.
Escribe el alcance con números. Duración de la sesión en horas, cuántas localizaciones entran, cuántos cambios de ropa, si va un ayudante y qué pasa si el día se alarga. Una preboda que empieza siendo de dos horas en un pinar y termina siendo de cinco entre tres pueblos es un clásico, y se resuelve con una línea sobre las horas extra y su precio.
Dedica una cláusula a la meteorología y a la reprogramación, porque casi todas estas sesiones son en exterior. Define quién decide que no se puede disparar, con cuánta antelación, y cuántas veces se puede mover sin coste. Lo razonable es una reprogramación sin cargo por causa de lluvia, avisando el mismo día, y que a partir de ahí se cubran los gastos ya comprometidos.
No olvides los permisos de localización. Fincas, jardines, museos o espacios naturales protegidos pueden exigir autorización o cobrar una tasa por sesión fotográfica, y eso no es problema del fotógrafo si el contrato dice quién lo gestiona y quién lo paga. Añade una frase sobre qué ocurre si el espacio deniega el acceso el mismo día: se busca alternativa o se reprograma, pero escrito.
La postboda se parece a la preboda en el formato y no se parece en nada en el riesgo. Aquí la pareja vuelve a ponerse el vestido y el traje, muchas veces para meterse en el mar, en un río o en un campo embarrado, y la sesión ocurre cuando el trabajo grande ya está hecho y cobrado. Las dos cosas piden cláusulas específicas.
La primera es la responsabilidad sobre la ropa y los objetos. Deja escrito que el deterioro del vestido, del traje o de los complementos durante la sesión corre por cuenta de la pareja, que la decisión de entrar en el agua o en un entorno sucio es suya y que tú das indicaciones creativas, no garantías de conservación. Es una frase incómoda de leer y muy barata comparada con la alternativa.
La segunda es el calendario y el dinero. Si la postboda va incluida en el paquete de boda, fija un plazo máximo para hacerla —por ejemplo, dentro de los doce meses siguientes al enlace— y di qué pasa si se agota: se pierde, se convierte en saldo o se factura aparte. Sin fecha límite, las postbodas incluidas se arrastran años y acaban reclamándose cuando ya no tienes ni la disponibilidad ni el precio de entonces.
Separa siempre el importe de la sesión, aunque vaya dentro del mismo contrato. Ponlo en su propia línea del presupuesto, con lo que incluye, aunque el precio del paquete sea cerrado. Eso resuelve dos preguntas futuras de golpe: cuánto se descuenta si la pareja renuncia a la sesión y cuánto vale si más adelante quiere una segunda.
Con la cancelación pasa lo mismo. Si la boda se cae después de haber hecho la preboda, el trabajo ya prestado está prestado: el contrato debe decir que esa parte se liquida y no se devuelve, con independencia de lo que ocurra con el resto. Y en el caso inverso, si se cancela solo la sesión, di con cuánta antelación se puede hacer sin coste y qué se retiene si el aviso llega el día antes.
El aplazamiento merece su propia línea, porque mueve dos fechas a la vez. Si la boda se traslada, la preboda contratada debería trasladarse con ella dentro de tu disponibilidad, no morir por el camino. Escríbelo así y evitarás renegociar el encargo entero por un cambio de fecha que además suele venir con la pareja ya nerviosa.
La operativa importa tanto como el texto. Si la preboda se acuerda en la reunión de venta, el anexo tiene que salir de esa misma reunión; si se acuerda por teléfono tres meses después, el documento corto tiene que salir ese día. Cuanto más se alarga el trámite, más probable es que la sesión se haga sin nada firmado, que es exactamente lo que estás intentando evitar.
Por eso en Revea vemos que lo que desatasca esto no es tener mejor redactado el contrato, sino no depender del papel. Subes tu PDF —el tuyo, el que te preparó tu asesoría—, colocas encima los campos de firma, nombre y fecha, y lo envías. Los dos miembros de la pareja reciben cada uno su enlace y firman en paralelo desde el móvil, sin crear cuenta y sin esperar turno; tu firma y tus datos se estampan al enviar.
El documento final se guarda con el registro de auditoría —envío, aperturas y firma de cada persona con fecha, hora e IP— y con la huella SHA-256 del original anclada al envío, de forma que cualquier alteración posterior del archivo es detectable. Si alguien no firma, los recordatorios salen solos y el contrato puede caducar en la fecha que decidas. Para el anexo de una sesión, esto es cuestión de minutos.
Un último apunte de orden: si vendes sesiones sueltas además de bodas, te conviene tratarlas como un servicio distinto también en tu gestión de clientes. En Revea puedes definir varios flujos de trabajo con sus propios pasos, así una preboda no aparece con las mismas tareas que una boda completa y ves de un vistazo cuál tiene el contrato pendiente de firma.
Solo si es un encargo distinto. Contratada junto a la boda y con una señal única, basta un apartado o un anexo dentro del contrato de boda, con su fecha, alcance y plazo. Contratada meses después, o vendida a una pareja que no te ha contratado la boda, hazle un documento corto propio.
Duración en horas, número de localizaciones y cambios de vestuario, desplazamiento incluido, plazo de entrega y número orientativo de fotos editadas. Añade la regla de reprogramación por lluvia, quién gestiona y paga los permisos de la localización, el importe de la sesión en línea propia y los usos permitidos de las imágenes.
Si la sesión ya se hizo, es trabajo prestado: se liquida y no se devuelve, aunque el resto del encargo se cancele. Si aún no se ha hecho, se trata como el resto de la cancelación, según lo que diga tu cláusula. Déjalo escrito de las dos formas para no discutirlo en caliente.
Sí, y es lo habitual cuando va dentro del paquete. Lo que no puede faltar es una ventana temporal para realizarla, por ejemplo doce meses desde el enlace, y qué ocurre al agotarse. Añade también que el deterioro del vestido, el traje y los complementos corre por cuenta de la pareja.
Quien diga el contrato. Algunas fincas, jardines y espacios protegidos exigen autorización o cobran una tasa por sesión fotográfica, así que conviene fijar por escrito quién la gestiona y quién la abona. Añade qué se hace si el espacio deniega el acceso el mismo día: alternativa o reprogramación, sin cargo.
Sí. El reglamento europeo eIDAS reconoce la firma electrónica y no permite negarle efectos jurídicos solo por ser electrónica. Lo que aporta valor probatorio es la trazabilidad: quién firmó, cuándo, desde qué dispositivo y sobre qué versión exacta del documento. Para un anexo de una página es la vía más rápida.
En un plazo más corto que el de la boda, porque suele haber una imprenta detrás: save-the-date, invitaciones o la web del enlace. Pregunta la fecha límite de la pareja antes de comprometerte y escribe ese plazo en el contrato, no en el email de entrega.
Sube tu PDF, coloca los campos y envíalo: los dos miembros de la pareja firman a la vez desde el móvil, sin crear cuenta, y el documento final sale con registro de auditoría y la huella SHA-256 del original. Prueba Revea 30 días gratis, sin tarjeta.
Probar Revea gratisQué debe incluir un contrato de fotografía de boda: cláusulas imprescindibles, señal, cancelación, derechos de imagen y por qué firmarlo online acelera la reserva.
Guía para fotógrafos: cómo entregar las fotos de una preboda a tiempo, con selección corta, en tamaño web y para imprimir, y con tu marca en la galería.
Cómo conseguir que los dos novios firmen el contrato el mismo día: firma en paralelo, recordatorios, plazos y qué hacer si uno de los dos no responde.