Contratos
Para que firmen los dos novios, envía un único contrato con dos firmantes independientes: cada uno con su email y su propio enlace, para que firmen en paralelo sin esperar turno. Con firma electrónica multi-firmante el contrato se cierra el mismo día de la reunión, y los recordatorios automáticos hacen el seguimiento que antes hacías tú por WhatsApp.
En esta guía tienes por qué conviene que firmen los dos, cuándo tiene sentido un orden de firma, cómo preparar el envío para que se cierre en caliente, qué cadencia de recordatorios y qué plazo de caducidad poner, y qué hacer cuando uno de los dos desaparece.
Actualizado: septiembre 2026
Lo recomendable es que firmen los dos. Un contrato obliga a quien lo firma, y en un encargo de boda las dos personas toman decisiones que afectan al servicio: mover la fecha, ampliar horas de cobertura, añadir una preboda, cancelar o autorizar la publicación del reportaje. Si solo firma una, la otra queda fuera del documento aunque aparezca en la mitad de las fotografías.
El punto que más problemas evita es el de los derechos de imagen. Si tu contrato incluye la autorización para publicar el reportaje en tu web o en tus redes, esa autorización la da cada persona sobre su propia imagen. Con una sola firma tienes media autorización, y lo descubres meses después, cuando ya has publicado.
Hay un tercer motivo, menos jurídico y más cotidiano: quien firma, lee. La persona que no firmó no vio los plazos de entrega, ni el calendario de pagos, ni qué incluye el encargo, y suele ser la que pregunta después por qué las fotos tardan ocho semanas. Dos firmas son dos personas informadas. Si tu caso tiene particularidades, consúltalo con tu asesoría.
En paralelo, salvo que tengas un motivo concreto para lo contrario. Los dos firmantes reciben su enlace a la vez y cada uno firma cuando puede: uno en el metro a las ocho de la mañana y el otro esa noche en el sofá. El contrato queda cerrado cuando firma el segundo, sin que ninguno haya tenido que esperar al otro.
La firma por orden encadena esperas. Cada relevo añade el tiempo muerto entre que una persona firma, el sistema avisa a la siguiente y esa siguiente abre el correo. Con dos firmantes son dos huecos; con tres, tres. En un encargo de boda no hay ninguna razón para que un novio no pueda firmar hasta que firme el otro: no se están dando poderes, están aceptando el mismo texto.
En Revea el envío es siempre en paralelo: al enviar el contrato, todos los firmantes reciben su enlace a la vez y firman sin turnos. Tu propia firma se estampa automáticamente en el momento del envío, junto con tu nombre y tu fecha, así que el documento sale completo y no a medias.
La regla es sencilla: pide los dos emails en la reunión y manda el contrato antes de que se levanten de la mesa. El momento de máxima intención de compra es ese, no tres días después. Si sales de la reunión con un solo email, ya has convertido la firma en una gestión de la semana que viene.
Cada firmante necesita su propia dirección, aunque la pareja comparta buzón. En ese caso llegan dos correos al mismo sitio, cada uno con su enlace, y basta con avisar de que no vale abrir dos veces el mismo mensaje: cada persona firma desde el suyo. Si uno de los dos no usa el correo casi nunca, pide el que sí mire, no el que suene más formal.
Antes de enviar, coloca los campos sobre el PDF y asigna cada uno a su firmante: firma, nombre, email y fecha para el novio, lo mismo para la novia, y los tuyos. Un contrato con campos sin asignar es un contrato que vuelve con un recuadro en blanco y hay que repetir. Y manda el contrato y los datos de pago de la señal en el mismo mensaje: dos gestiones separadas son dos oportunidades de que la conversación se enfríe.
Configura recordatorios automáticos cada tres o cuatro días y una fecha de caducidad para el contrato, y deja de escribir mensajes. El sistema avisa solo a quien tiene la firma pendiente, así que la persona que ya firmó no recibe nada y no percibe presión. Dos semanas de recordatorios cubren de sobra el caso normal: quien no firma en catorce días no está despistado, está dudando.
La caducidad hace un trabajo silencioso que va más allá de la comodidad. Un contrato abierto seis meses es un precio congelado seis meses, y una fecha que no sabes si está reservada o no. Poner un plazo de validez convierte esa ambigüedad en una decisión.
Mira el registro de actividad antes de insistir. No es lo mismo un contrato sin abrir, que casi siempre es un problema de canal (correo en spam, dirección mal apuntada, buzón lleno), que un contrato abierto tres veces y sin firmar, que es una duda concreta sobre alguna cláusula. Para el primer caso, copia el enlace de firma y mándalo por el canal donde la pareja te contesta siempre. Para el segundo, llama.
Primero, distingue el silencio del rechazo. Si el enlace ni siquiera se ha abierto, el problema es de entrega y se arregla mandando el enlace por otra vía. Si se ha abierto varias veces y sigue sin firma, hay una objeción que nadie te ha dicho en voz alta: casi siempre el importe de la señal, la política de cancelación o el uso de las imágenes.
A partir del tercer recordatorio, un cuarto correo no aporta nada. Una llamada de dos minutos preguntando si hay alguna duda con el contrato resuelve en el acto lo que el email no resuelve en dos semanas, y además te dice si esa boda va a caer o no. Es información que necesitas antes que la firma.
Mientras falte una firma, la fecha no está reservada y conviene decirlo con esa claridad. La reserva se perfecciona con el contrato firmado y la señal cobrada, así que sigue tratando ese día como disponible y avisa a la pareja de que otra consulta para su fecha te obligará a pedirles una decisión. No es una amenaza comercial, es la realidad de tu agenda.
Y nunca firmes por el otro. Que uno de los novios te diga que firma también en nombre de su pareja no equivale a la firma de esa persona: la trazabilidad de la firma electrónica registra desde qué enlace y con qué email se firmó, y ese rastro es precisamente lo que da valor probatorio al documento. Si de verdad solo va a haber un contratante, rehaz el contrato con esa persona como única parte y ajusta la cláusula de derechos de imagen en consecuencia.
El error clásico es mandar el PDF por email y esperar que alguien lo imprima. Añade dos dispositivos que ya casi nadie tiene en casa y el resultado más probable es una foto del documento hecha con el móvil sobre la mesa de la cocina. Ese archivo no acredita quién firmó ni cuándo.
El segundo es compartir un único enlace entre los dos. Firma quien lo abra primero, el segundo recuadro se queda vacío y no hay forma de saber quién estampó cada firma. Un enlace por persona no es una formalidad: es lo que permite atribuir cada firma a un email concreto.
El tercero es negociar el contrato por correo y perder la pista de qué versión se firmó. Si el texto cambia dos veces y acaba en un PDF escaneado, nadie puede acreditar después qué documento aceptó cada parte. Al enviar el contrato en Revea se calcula la huella SHA-256 del original y queda anclada al envío; el certificado del PDF firmado la imprime, de modo que cualquier alteración posterior del archivo es detectable.
Horas de cobertura, entregables, si hay vídeo y fecha de entrega aproximada. Y las dos direcciones de correo, apuntadas en el momento y leídas en voz alta para confirmarlas.
Firma, nombre y fecha para cada uno de los novios y para ti. Cada recuadro asignado a su firmante, para que nadie reciba un contrato con huecos que no le corresponden.
Un solo envío, dos enlaces independientes y tu firma ya estampada. En el mismo mensaje, el importe de la señal y dónde abonarla.
Cadencia de tres o cuatro días y caducidad configurada. Solo recibe avisos quien tiene la firma pendiente; tú no escribes nada durante la primera semana.
Dos aperturas sin firma son una duda concreta. Una llamada corta la resuelve y te dice si esa fecha sigue viva o vuelve al mercado.
Con las dos firmas y la señal cobrada, un correo breve confirmando fecha, alcance y siguiente pago. Ahí, y no antes, la boda entra en tu agenda.
Lo recomendable es que sí. Un contrato obliga a quien lo firma, y en una boda las decisiones sobre fecha, alcance, cancelación y publicación de las imágenes afectan a las dos personas. Además, la autorización de uso de imagen la da cada uno sobre su propia imagen, así que con una sola firma esa autorización queda incompleta.
A la vez. Con firma electrónica multi-firmante, cada persona recibe su propio enlace y firma cuando puede, sin esperar a que firme la otra. En Revea el envío es siempre en paralelo, de modo que el contrato queda cerrado en cuanto firma la segunda persona.
El contrato solo vincula a quien lo ha firmado, y la autorización de imagen de la otra persona no existe. Antes de dar la fecha por reservada, insiste en la segunda firma o rehaz el documento con un único contratante y ajusta la cláusula de derechos de imagen. Si el caso es dudoso, consúltalo con tu asesoría.
No. El enlace de firma se abre en el navegador del móvil o del ordenador y la firma se dibuja o se teclea en la propia pantalla. No hay que registrarse, ni instalar nada, ni tener certificado digital ni DNI electrónico. Eso elimina la excusa más habitual para dejar la firma para otro día.
Sí, o al menos cada uno necesita su propio enlace. Si la pareja comparte dirección, llegan dos correos al mismo buzón y cada persona debe abrir el suyo. Compartir un único enlace hace que firme quien lo abra primero y deja el segundo recuadro vacío.
Cada tres o cuatro días durante unas dos semanas es suficiente, y conviene que salgan de forma automática solo a quien tiene la firma pendiente. Si al tercer recordatorio no hay firma, cambia el correo por una llamada: a partir de ahí el problema ya no es que se les olvide.
En el registro de actividad del contrato: queda constancia del envío, de las aperturas y de la firma de cada persona con fecha, hora e IP. Un contrato sin abrir suele ser un problema de entrega del correo; uno abierto varias veces sin firmar es una duda sobre alguna cláusula.
Sube tu PDF a Revea, asigna los campos a cada firmante y los dos novios reciben su enlace a la vez. Firman desde el móvil sin crear cuenta, con recordatorios automáticos, caducidad configurable, registro de auditoría y huella SHA-256 del original. Disponible en los planes Professional y Studio, incluidos en la prueba de 30 días.
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