Archivos pesados
Sube una vez cada cosa: el máster va a la productora por un enlace de transferencia con caducidad y código de acceso, y la pareja ve la película en su galería en streaming, sin descargar nada. Lo que duplica subidas no es tener dos destinatarios, es mandarle a los dos el mismo archivo pesado por el mismo canal. Reparte por necesidad —quien trabaja con el vídeo recibe el máster, quien lo ve recibe un enlace— y ningún archivo sube dos veces.
En esta guía tienes qué necesita cada uno, en qué formato y con qué nombre sale el máster, las tres subidas que casi todos repetimos sin darnos cuenta y qué conviene dejar por escrito cuando la película pasa por una productora.
Actualizado: octubre 2026
Separando por necesidad y no por persona. La productora necesita un archivo para trabajar con él o archivarlo, así que recibe el máster por un envío con caducidad. La pareja necesita ver la película y enseñarla, así que recibe el enlace de su galería, donde el vídeo se reproduce al momento. Son dos piezas distintas del mismo montaje y cada una se sube una sola vez.
Mandar el máster a la pareja parece generoso y casi siempre es un estorbo. Un archivo de decenas de gigas no se abre en el móvil, no se reenvía a la familia y acaba en una carpeta de descargas que nadie vuelve a mirar: horas de subida y cuota pagadas por un archivo que no se usa.
Al revés tampoco funciona: el enlace de visionado no le sirve a la productora si tiene que remontar, poner subtítulos o incluir un fragmento en una pieza más larga. Quien va a tocar el vídeo necesita el archivo; quien va a verlo necesita que se reproduzca. Aquí llamamos productora a quien recibe la película para trabajar con ella: el estudio que te subcontrató o la agencia que coordina una boda de marca.
La productora necesita el archivo y el contexto. El archivo es el máster, con su resolución, sus fotogramas por segundo y su audio intactos. El contexto es lo que se mira dos minutos antes de abrir el proyecto: qué versión es, qué lleva de grafismo, cómo está el audio y qué queda pendiente. Sin esa ficha, la primera pregunta te llega por mensaje el mismo día.
La pareja necesita exactamente lo contrario: cero decisiones. Abre un enlace en el móvil, le da al play, lo manda al grupo de la familia y, si quiere, se descarga una copia ligera. Lo que decide su experiencia no es el códec, es que arranque sin esperas y se vea bien en pantalla pequeña.
Cuando el encargo viene de una productora hay una pregunta previa: quién entrega a la pareja. Si entregas tú, montas la galería con tu marca y la caducidad que acordéis; si entrega la productora, tu trabajo acaba en el máster. Lo que no debe pasar es que la pareja reciba dos enlaces de dos personas con dos versiones del mismo montaje.
Para un máster que va a volver a pasar por una mesa de montaje, un códec intermedio como ProRes 422 HQ o DNxHR HQ es lo razonable: aguanta recortes, corrección de color y una segunda exportación sin acumular pérdida. Si lo que pide la productora es una copia para archivo o para publicar tal cual, un MP4 en H.264 o H.265 a 1080p o 4K con una tasa de bits alta pesa una fracción y basta.
El audio es donde se pierden más horas. Entrega 48 kHz, en estéreo mezclado, y si la productora va a remontar, añade las pistas separadas de música, voz y ambiente. Una película con la mezcla pegada obliga a rehacerla entera para cambiar diez segundos de música, y eso siempre acaba volviendo a ti.
El nombre del archivo es un documento en sí mismo. Un nombre que diga boda, fecha, pieza, versión, resolución y fotogramas por segundo evita el problema más caro de este intercambio: dos archivos distintos conviviendo con el mismo nombre y nadie seguro de cuál es el bueno. Nada de acentos, espacios ni caracteres que algunos sistemas cambian al descomprimir.
La primera es subir el mismo máster a dos servicios porque los destinatarios son dos. Pasa cuando el canal lo elige la persona y no la necesidad: un enlace de transferencia para la productora, otro para la pareja y, en medio, cientos de gigas subidos por duplicado desde la misma línea. La pareja no necesitaba el máster; necesitaba verlo.
La segunda es resubir porque el enlace caducó antes de que lo descargaran. Es la más común: la productora recibe el aviso en temporada alta, lo deja para después y la semana siguiente ya no abre. Se evita con una caducidad realista desde el principio y, sobre todo, sabiendo si descargaron o no. Un envío que te avisa de la descarga convierte esa duda en un dato.
La tercera es resubir el montaje entero por un cambio pequeño. Si cambian quince segundos de música o un rótulo, lo que viaja es la pieza corregida, no la película completa, y la versión sube en el nombre. Y cuando ya han descargado, deja que el envío expire: un máster indefinidamente en línea ocupa cuota y sigue siendo descargable sin que haga falta.
Cuatro cosas, y caben en una página: qué entregas exactamente, quién puede publicarlo y con qué crédito, quién entrega a la pareja y qué pasa con las copias cuando el trabajo acaba.
La parte de créditos es la que más discusiones evita, sobre todo si la película va a terminar en el portfolio de la productora o en la campaña de una marca. Deja claro si puedes publicarla tú, con qué texto apareces y desde cuándo. Y si la pareja ha pedido que su boda no se publique, dilo antes de entregar.
En la película viajan imágenes de la pareja y de sus invitados, así que el acceso no es un detalle técnico. Comparte solo con quien tiene que trabajar con ella, con un plazo de borrado acordado y un compromiso de confidencialidad. Si tu asesoría considera que la productora actúa como encargada del tratamiento, hará falta además el contrato que exige el artículo 28 del RGPD.
En Revea son dos canales dentro de la misma cuenta y una subida en cada uno. La película que ve la pareja va a su galería, donde se reproduce en streaming adaptativo hasta 4K: nadie se registra y el móvil la reproduce ajustada a su conexión, con menos definición si la cobertura es mala pero sin cortes. En la misma galería están las fotos y las escenas del día, así que la boda entera vive en un enlace.
El máster va por Revea Transfer. No hay límite de tamaño por archivo ni por envío —el tope es la cuota de Transfer de tu plan— y la subida va directa al almacenamiento, reanudándose sola si la conexión se corta a mitad. El envío puede ir protegido con un código de un solo uso que llega al email de la productora, así que un enlace reenviado por error no abre nada.
Las dos piezas que evitan la subida repetida son la caducidad y el aviso. Cada envío expira cuando tú digas y, al expirar, los archivos se eliminan y dejan de contar en tu cuota. Recibes aviso cuando la productora descarga, que es lo que quita el "¿lo tienes ya?" y la resubida de la semana siguiente, y en la galería tienes el otro lado: aviso en la primera visita de la pareja y un resumen diario de descargas. Si la entrega del máster va cobrada, el envío puede exigir el pago antes de la descarga, directo a tu cuenta de Stripe y sin comisión de Revea.
Quién trabaja con el vídeo y quién solo lo ve. De ahí sale el número de exportaciones y de subidas; cambiarlo después obliga a repetirlas.
Códec intermedio para quien va a remontar, MP4 de tasa de bits alta para archivo o publicación. Audio a 48 kHz y pistas separadas si hace falta.
Boda, fecha, pieza, versión y especificaciones en el nombre. Una nota en la raíz con resolución, fotogramas, audio y lo que queda por aprobar.
Envío protegido al email de la productora, con una caducidad realista para su temporada. Espera el aviso de descarga antes de dar el trabajo por cerrado.
La película en streaming junto a las fotos y las escenas del día, con la caducidad acordada y el enlace de invitados listo para reenviar.
No. Cada destinatario recibe una pieza distinta: la productora el máster por un envío descargable con caducidad, y la pareja el enlace de su galería, donde el vídeo se reproduce en streaming. Son dos archivos diferentes y cada uno se sube una sola vez; lo que duplica subidas es mandar el mismo máster por dos canales.
Depende de qué va a hacer con ella. Si va a remontar o retocar color, un códec intermedio como ProRes 422 HQ o DNxHR HQ en la resolución y los fotogramas originales. Si es para archivo o para publicar tal cual, un MP4 en H.264 o H.265 a 1080p o 4K con tasa de bits alta pesa mucho menos y basta.
Casi nunca hace falta. Un archivo de decenas de gigas no se abre en el móvil ni se reenvía a la familia, y acaba sin usarse. La pareja se queda con la galería en streaming y, si quiere un archivo, una copia en MP4 que pueda guardar y compartir. Si pide expresamente el máster, mándalo como envío aparte.
La suficiente para que la productora pase su semana de temporada alta sin perder el enlace, y nunca indefinida. Fíjala el mismo día que creas el envío y mira el aviso de descarga: si ya descargaron, el envío puede expirar y liberar cuota. Si caducó sin descargarse, se reenvía el acceso en lugar de volver a subir.
Con número de versión en el nombre del archivo y una sola fuente para cada destinatario. Si cambias quince segundos de música o un rótulo, sube la versión en el nombre y manda solo la pieza corregida. La galería de la pareja se actualiza en su sitio, así que su enlace siempre apunta al corte vigente.
Lo que hayáis acordado, y conviene dejarlo por escrito antes de la boda. Si entregas tú, montas la galería con tu marca; si entrega la productora, tu entrega termina en el máster. Lo que hay que evitar es que la pareja reciba dos enlaces de dos personas con dos versiones del mismo montaje.
En la película viajan imágenes de la pareja y de sus invitados, así que lo mínimo razonable es un compromiso de confidencialidad por escrito, compartir solo con quien trabaja con el material y fijar un plazo de borrado. Si tu asesoría considera que la productora actúa como encargada del tratamiento, hará falta el contrato del artículo 28 del RGPD.
Revea entrega la película a la pareja en su galería con streaming adaptativo hasta 4K y manda el máster a la productora con Revea Transfer: sin límite de tamaño por archivo, código de un solo uso, caducidad por envío y aviso cuando descargan. Prueba Revea 30 días gratis, sin tarjeta.
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