Archivos pesados
La forma segura de enviar los brutos a un editor de vídeo externo es un enlace que salga de tu propio almacenamiento, con caducidad, con código de acceso al email del editor y con aviso cuando descarga. Lo que no funciona es el enlace abierto sin protección, que se reenvía a cualquiera, ni el disco duro por mensajería, que viaja en un único ejemplar. Y antes de subir nada, manda solo lo que el montaje necesita: eso suele bajar el paquete de cientos de gigas a unas decenas.
En esta guía tienes por qué el enlace abierto es el punto débil de este intercambio, qué archivos mandarle y cuáles puedes quedarte, cómo nombrar y ordenar el material, cuánto pesa un paquete real de boda y cuánto tarda en subir, y qué dejar por escrito sobre acceso, derechos y borrado.
Actualizado: septiembre 2026
Un envío desde tu propio almacenamiento, protegido con un código que llega al email del editor y con una caducidad que tú decides. La seguridad de este intercambio no está en cifrar el archivo: está en que solo lo abra la persona a la que se lo mandaste y en que el acceso se apague cuando el trabajo acabe.
El problema del enlace abierto es que la URL es la credencial. Quien la tiene, entra, y esa URL viaja por WhatsApp, se copia en un grupo de producción y se queda en el historial del correo durante años. Con brutos de boda eso significa que el material sin editar de tus clientes sigue descargable mucho después de que la película esté entregada.
El disco duro en mano no es más seguro, solo es más lento: se pierde, se cae y mientras viaja existe un único ejemplar del material. Si además lleva copia de otras bodas, estás moviendo datos de parejas que no tienen nada que ver con este montaje. La ruta razonable es subir una vez, dar acceso con caducidad y guardar tu copia donde siempre.
Las tomas que van a entrar en el montaje, el audio bueno y las referencias. No la tarjeta entera. La mayoría de los paquetes gigantes que se suben a un editor llevan material que nadie va a abrir, y ese peso se paga en horas de subida y en cuota.
Con vídeo hay una decisión que cambia el tamaño del envío por completo: brutos originales o proxies. Si el editor va a montar y tú vas a hacer el etalonaje final, con proxies basta y el paquete se queda en una fracción. Si el editor entrega la película acabada, necesita los originales, porque un proxy no aguanta corrección de color. Decídelo antes de subir y no a mitad.
El audio merece su propia carpeta. Las grabadoras externas, los micrófonos de corbata y la mesa de la ceremonia son lo que salva un discurso, y son también los archivos que más veces se olvidan. Añade una nota con lo que hay que saber del día: cámara principal, dónde falla el sonido y qué momentos son obligatorios.
Media hora de orden antes de subir ahorra una semana de mensajes después. El objetivo es que el editor empiece a trabajar sin escribirte, y eso son tres cosas: carpetas previsibles, nombres que digan de dónde viene cada archivo y los relojes sincronizados el día de la boda.
La estructura que funciona es plana y aburrida: una carpeta por tipo de material y, dentro, una por cámara o por fuente. Vídeo, audio, fotos de referencia y documentos. Nada de carpetas anidadas cinco niveles ni nombres con acentos, espacios raros o caracteres que algunos sistemas cambian al descomprimir.
El prefijo por cámara evita el problema más caro: dos archivos distintos con el mismo nombre que se sobrescriben al juntar carpetas. Y sincronizar los relojes es lo que permite ordenar por hora de captura el material de tres cámaras sin adivinar. Eso se hace antes de la primera toma.
Un paquete de brutos de vídeo de una boda se mueve casi siempre entre 200 GB y 1 TB con dos cámaras grabando la jornada completa, y sube si hay un códec de alta tasa de bits o grabación en RAW. Con proxies, ese mismo material cabe muchas veces por debajo de los 50 GB. Es la diferencia entre una subida de madrugada y una subida de fin de semana.
Lo que decide el tiempo es tu velocidad de subida, no la de bajada, y las dos casi nunca coinciden. Mide la tuya con un test de velocidad y quédate con la cifra de subida. El cálculo rápido para 100 GB es dividir 800.000 megabits entre tus megabits por segundo de subida, y sumar entre un 15 % y un 30 % de margen, porque ninguna línea sostiene su máximo teórico durante horas.
De ahí sale la única regla técnica que no se negocia: la subida tiene que ser reanudable. Una transferencia de horas atraviesa microcortes, saltos de canal del wifi y suspensiones del equipo, y una subida en una sola pieza no sobrevive a esos segundos. Comprobarlo cuesta dos minutos: corta la red a mitad y mira si el porcentaje retoma o vuelve a cero.
Antes de compartir el primer archivo conviene acordar tres cosas por escrito, y las tres caben en una página: quién puede abrir el material y hasta cuándo, de quién son los derechos de la pieza que sale del montaje, y qué pasa con su copia cuando el trabajo termina.
En los brutos de una boda viajan datos personales de la pareja y de sus invitados: caras, nombres de archivo, a veces la dirección de la finca o el listado de familia en las notas. Lo mínimo razonable es un compromiso de confidencialidad, pasarle solo lo que necesita para este montaje y fijar un plazo de borrado. Si tu asesoría considera que el editor actúa como encargado del tratamiento, tocará firmar además el contrato que exige el artículo 28 del RGPD.
La parte de derechos es la que más discusiones evita. Deja claro que la autoría del material de origen es tuya, qué puede publicar el editor en su portfolio y con qué crédito. Es más fácil pactarlo antes que descubrir publicada una boda que la pareja pidió mantener privada.
En Revea este intercambio es un envío de Revea Transfer. Subes el paquete de brutos, eliges la caducidad y mandas el enlace al editor: no necesita cuenta de Revea, no instala nada y descarga desde el navegador. No hay límite de tamaño por archivo ni por envío, y el tope real es la cuota de almacenamiento de Transfer de tu plan.
La parte de seguridad está en dos piezas. El envío puede ir protegido, y entonces al editor se le pide un código de un solo uso que llega a su email, así que el enlace reenviado por error no abre nada. Y cada envío caduca cuando tú digas: al expirar, los archivos se eliminan y dejan de contar en tu cuota, sin que tengas que acordarte de limpiar. Recibes aviso cuando el editor descarga, que es lo que quita el mensaje de "¿lo tienes ya?".
Por debajo, las subidas van directas al almacenamiento y se reanudan solas si la conexión se corta a mitad, que es lo que necesita un paquete de cientos de gigas lanzado de madrugada. Si un cortafuegos o un filtrado de DNS bloquean la subida directa, el envío pasa solo por una ruta alternativa. Y cuando el montaje vuelve, la salida ya está en el mismo sitio: la película a la galería de la pareja en streaming adaptativo hasta 4K.
Si el etalonaje final lo haces tú, proxies y el paquete se queda en una fracción. Si el editor entrega la película acabada, originales.
Solo las tomas que entran, el audio de todas las fuentes y las referencias. Carpetas por tipo y prefijo por cámara en los nombres.
Un documento en la raíz con la cámara principal, los momentos obligatorios y la duración objetivo.
Acceso y plazo, confidencialidad, borrado de su copia al terminar, autoría y uso en su portfolio. Una página basta.
Cable de red, suspensión desactivada y archivo en el disco interno. Manda el envío protegido con código y con caducidad, y espera el aviso de descarga.
Con un envío desde tu propio almacenamiento, protegido con un código de un solo uso que llega al email del editor y con una fecha de caducidad. Así el enlace reenviado por error no abre nada y el acceso se apaga cuando el trabajo termina. Guarda siempre tu copia: lo que viaja es una copia, nunca el único ejemplar.
Depende de quién hace el etalonaje. Si el color final lo haces tú, con proxies basta y el paquete baja a una fracción del tamaño. Si el editor entrega la película acabada, necesita los originales: un proxy no aguanta corrección de color. Decídelo antes de subir, porque cambiar a mitad significa subir dos veces.
Entre 200 GB y 1 TB con dos cámaras cubriendo la jornada completa, y más si grabas en RAW o con un códec de alta tasa de bits. El mismo material en proxies suele quedar por debajo de 50 GB. El peso decide el tiempo de subida, así que conviene calcularlo antes de prometer un plazo.
Funciona, pero con dos pegas. Una carpeta sincronizada es un espejo: lo que el otro borre o deje de compartir desaparece también de tu lado. Y el volumen se descuenta de la cuota de alguna de las dos cuentas. Para un intercambio puntual y pequeño vale; para un paquete de brutos, mejor un envío con caducidad y acceso controlado.
En los brutos viajan datos personales de la pareja y de los invitados, así que lo mínimo es un compromiso de confidencialidad por escrito, pasarle solo el material necesario y fijar un plazo de borrado. Si tu asesoría considera que actúa como encargado del tratamiento, hará falta además el contrato del artículo 28 del RGPD.
Solo si lo habéis acordado y la pareja no pidió lo contrario. Conviene dejar por escrito qué puede enseñar, con qué crédito y a partir de cuándo. Es más fácil pactarlo antes de mandar el material que descubrir publicada una boda que los clientes querían mantener privada.
Comprueba primero que la herramienta reanuda: corta la red durante una subida y mira si el porcentaje retoma o vuelve a cero. Luego, cable en lugar de wifi, suspensión desactivada, archivo en el disco interno y VPN desconectada. Si falla siempre en el mismo punto desde la misma red, prueba desde otra conexión.
Revea Transfer envía el paquete de brutos sin límite de tamaño por archivo, con subida directa y reanudable, acceso por código de un solo uso, caducidad por envío y aviso cuando el editor descarga. Prueba Revea 30 días gratis, sin tarjeta.
Probar Revea gratisPor qué se corta la subida de un vídeo de boda pesado, cuánto tarda de verdad subir 100 GB y qué configurar para que el envío no falle a mitad.
Cómo recibir los archivos del segundo fotógrafo por enlace de subida: qué acordar antes de la boda, cuánto pesa una jornada y cómo verificar el material.
Cómo enviar archivos grandes a clientes con marca propia: límites de WeTransfer y Drive, qué pedir a una herramienta profesional y cómo funciona Revea Transfer.