Negocio
La ficha mínima de una boda cabe en diez campos: nombre y contacto de los dos novios, fecha y lugar, qué servicio contrataron y por cuánto, cuándo entró la consulta y por qué canal, y las fechas de reserva y de entrega. Lo demás se deriva o no hace falta.
En esta guía tienes la lista exacta de datos que conviene guardar de cada boda, los que es mejor no tener aunque te los ofrezcan, qué preguntar en el formulario y qué dejar para la firma del contrato, dónde guardarlos para que no existan dos versiones del mismo dato, cuánto tiempo conservar cada cosa según el RGPD y la normativa española, y los errores que se pagan al cerrar la temporada.
Por Equipo Revea · Actualizado:
Los que necesitas para cumplir el encargo, cobrarlo y volver a encontrar la boda dos años después. En la práctica son diez: los dos novios con un email y un móvil, la fecha, el lugar, el servicio contratado con sus extras, el precio y los plazos de pago, la fecha de la consulta, el canal por el que llegó, y las fechas de la señal, del contrato firmado y de la entrega.
Cada campo de esa lista se usa para algo. El canal de origen no es curiosidad: al cabo de una temporada es lo que te dice si las bodas que firmas vienen de recomendación, de Instagram o de Google. La fecha de la consulta es la otra mitad del cálculo, porque sin ella no sabes cuántas peticiones hubo que atender para cerrar las que cerraste.
Y hay datos que no se guardan porque se deducen. La etapa de la boda es uno de ellos: si hay contrato firmado y señal cobrada, la boda está reservada, y si la galería está publicada, está entregada. Escribirlo además a mano en una columna solo crea una segunda versión que tarde o temprano contradice a la primera.
| Dato | Para qué lo necesitas | Cuándo se recoge |
|---|---|---|
| Nombre de los dos novios | Contrato, galería y dirigirte a cada uno por su nombre | Formulario |
| Un email y un móvil | Avisos de entrega, firma del contrato y cobros | Formulario |
| Fecha de la boda | Disponibilidad, calendario y plazo de entrega | Formulario |
| Lugar y hora aproximada | Desplazamiento, horas de cobertura y logística del día | Formulario o reunión |
| Servicio contratado y extras | Presupuesto, contrato y qué toca entregar al final | Reunión o presupuesto |
| Precio acordado y plazos | Control de cobros y qué queda pendiente antes de entregar | Presupuesto |
| Fecha de la consulta | Medir cuántas consultas hacen falta para cerrar una boda | Formulario |
| Canal de origen | Saber qué canal trae parejas que firman | Formulario |
| Señal y contrato firmado | Es el hito de reserva: la fecha deja de estar libre | Al cobrar y firmar |
| Fecha de entrega | Plazos, renovación de la galería y reclamaciones | Al publicar la galería |
| NIF y domicilio fiscal | Solo si la pareja pide factura | Al facturar |
Todo lo que no vayas a usar. El RGPD lo llama minimización en su artículo 5.1.c: se recogen los datos adecuados y limitados a lo necesario para la finalidad, no los que estaría bien tener por si acaso. Y hay una razón práctica además de la legal: lo que no guardas no se te puede filtrar, ni te obliga a contestar nada cuando alguien ejerce sus derechos.
El caso más repetido es la copia del DNI. Para un contrato de fotografía no hace falta, y para una factura a un particular lo que necesitas es el NIF y el domicilio fiscal, no una fotocopia del documento guardada en una carpeta. Pedir el número cuando toca facturar es suficiente y deja mucho menos expuesto.
Con los datos de pago la regla es más simple todavía: los números de tarjeta y los códigos de seguridad no se guardan nunca, ni en un email ni en una nota. Esos datos los procesa la pasarela de pago y ahí se quedan. Del cobro te basta con el importe, la fecha y el medio, que es lo que necesitas para saber qué queda pendiente.
El formulario pide lo justo para poder responder con un precio: nombre, email, fecha de la boda, lugar, qué tipo de cobertura buscan y cómo te encontraron. Seis campos bien elegidos se rellenan desde el móvil en un minuto; doce convierten la consulta en un trámite y la mitad de las parejas no lo termina.
Lo demás llega cuando hay algo que firmar. La hora de la ceremonia, el nombre completo para el contrato, el NIF si va a haber factura o el teléfono del coordinador del espacio no sirven para presupuestar y, pedidos antes de tiempo, dan la sensación de estar rellenando un impreso.
Lo que sí merece la pena es que el dato entre una sola vez. Si la fecha de la boda se escribe en el formulario y luego hay que teclearla otra vez en el contrato y una tercera en la hoja de cálculo, acabarás con tres fechas y tendrás que mirar el email para saber cuál es la buena. En Revea el formulario de contacto crea la ficha del lead con lo que ha respondido la pareja —fecha, lugar, presupuesto y canal de origen—, y si el email ya existe se vincula a la boda que ya tenías en vez de duplicarla.
En un solo sitio, y preferiblemente en el mismo donde ocurre el trabajo. El problema de la hoja de cálculo no es que sea poco profesional, es que está desconectada de los hechos: el contrato se firma en un correo, la galería se publica en otra herramienta y la hoja solo se actualiza si te acuerdas. En plena temporada no te acuerdas, y entonces la hoja dice una cosa y la realidad otra.
Hay un detalle del oficio que casi ningún gestor de clientes genérico resuelve: una boda son dos personas. Muchos sistemas exigen un email único por contacto, así que los dos novios no caben, y acabas con la pareja dividida en dos fichas o con uno de los dos fuera. En Revea una boda es una ficha con varios contactos, y ninguno está obligado a tener email propio: dos novios pueden compartir dirección y quien organiza puede no tener correo.
La otra ventaja es que dejan de hacer falta campos de estado. Al firmar el contrato la boda consta como reservada y al publicar la galería consta como entregada, sin mover nada. Tú apuntas lo que solo tú sabes —precio acordado, horario del día, nombre del espacio— y el resto lo escribe el propio trabajo.
Las facturas y los contratos, seis años: cuatro es el plazo general de prescripción tributaria y seis lo que el Código de Comercio exige conservar de la documentación del negocio, así que con seis cubres los dos frentes. El resto depende de para qué guardas cada cosa, que es exactamente lo que pide el principio de limitación del plazo de conservación del artículo 5.1.e del RGPD.
La ficha del cliente se mantiene mientras dure el encargo y el periodo en el que puede haber una reclamación. Para el material entregado, un plazo de entre dos y cinco años desde la entrega es defendible en casi cualquier estudio, y la galería online suele vivir entre seis y doce meses con renovación opcional. Lo que no tiene justificación es conservar un reportaje diez años sin poder decir para qué.
Un dato tiene plazo propio y no admite interpretación: el índice de búsqueda por cara. Son datos biométricos, categoría especial del artículo 9 del RGPD, y no hay finalidad que justifique mantenerlos cuando la galería ya no está activa. En Revea se eliminan al expirar la galería. Y una vez decidido tu plazo, el artículo 13 del RGPD obliga a informar de él, o de los criterios para calcularlo, cuando recoges los datos: con dos líneas en tu política de privacidad y en el contrato queda cubierto.
| Qué | Plazo razonable | Por qué |
|---|---|---|
| Facturas y contratos | Seis años | Cuatro años de prescripción tributaria y seis de obligación mercantil |
| Ficha del cliente | Mientras dure el encargo y el plazo de reclamaciones | Ejecución del contrato y defensa frente a reclamaciones |
| Galería online publicada | Entre 6 y 12 meses, con renovación opcional | Es el periodo en el que la pareja y los invitados la usan |
| Originales en tu archivo | Entre dos y cinco años desde la entrega | Cubre una petición de copia y un horizonte realista de reclamación |
| Índice de búsqueda por cara | Hasta que la galería expira | Dato biométrico, categoría especial del artículo 9 del RGPD |
| Consultas descartadas | Un par de temporadas, solo el dato agregado | Permite analizar canales y motivos sin conservar contactos vivos |
El error caro no es guardar pocos datos, es tenerlos repartidos. La fecha en un email, el precio en un WhatsApp, el horario en una nota del móvil: cada sitio es correcto por separado y juntos no responden a nada. La prueba llega en enero, cuando quieres saber cuántas bodas hiciste, a qué precio medio y de dónde vinieron.
El segundo error es no apuntar lo que no vuelve. El canal de origen de una consulta que no reservó, el motivo por el que se cayó y el paso en el que se cayó son datos que solo existen en el momento: si no los escribes entonces, no hay forma de reconstruirlos después. Y son justo los que explican si pierdes bodas por precio, que es un problema de posicionamiento, o por tardar en contestar, que se arregla esta semana.
El tercero es el contrario: acumular por si acaso. Fotocopias de documentos, listas de invitados de hace tres años, hilos enteros de conversación. Nada de eso te ayuda a trabajar y todo te obliga a custodiarlo. Guardar menos, en un solo sitio y con un plazo escrito, es más seguro y más útil.
Contacto, fecha, lugar, tipo de cobertura y cómo te encontraron. Con eso puedes presupuestar y ya tienes la mitad de la ficha escrita.
Fecha de la consulta y canal de origen. Son los dos datos que no se pueden reconstruir después y los que sostienen cualquier cálculo de conversión.
Qué cobertura, qué extras, precio acordado y en qué plazos se paga. Escrito una vez, en la ficha, no en el hilo del correo.
Nombre completo de los dos novios y NIF si va a haber factura. Nada de copias de documentos: con el número basta.
Al firmar el contrato la boda consta reservada y al publicar la galería consta entregada. Eso no se teclea: se deduce de lo que ya hiciste.
Seis años para facturas y contratos, de dos a cinco para los originales, y una revisión al año para borrar lo que ya cumplió su finalidad.
Nombre y contacto de los dos novios, fecha y lugar de la boda, servicio contratado con sus extras, precio y plazos de pago, fecha de la consulta, canal de origen y las fechas de la señal, del contrato firmado y de la entrega. Con esos campos puedes trabajar la boda y medir el año.
No hace falta para un contrato de fotografía de boda. Si la pareja pide factura, lo que necesitas es el NIF y el domicilio fiscal, no una fotocopia del documento guardada en una carpeta. Pedir el número cuando toca facturar cumple lo mismo y te deja mucho menos expuesto.
Facturas y contratos, seis años: cubres los cuatro de prescripción tributaria y los seis de la obligación mercantil de conservar documentación. La ficha, mientras dure el encargo y el plazo de reclamaciones. El RGPD no fija años, pide que el plazo sea el necesario para la finalidad y que lo tengas definido.
Sí. El artículo 13 del RGPD obliga a informar del plazo de conservación, o de los criterios para determinarlo, en el momento de recoger los datos. Con unas líneas en tu política de privacidad y una mención en el contrato queda cubierto, y te ahorra la conversación incómoda tres años después.
Solo lo necesario para trabajar el día de la boda, y se borra al entregar. Los nombres de los grupos de fotos tienen sentido; los teléfonos de ciento veinte personas, no. Las alergias y los menús son datos de salud, categoría especial del artículo 9 del RGPD: no deberían acabar en tu archivo.
El importe, la fecha y el medio de cada cobro, para saber qué queda pendiente antes de entregar. Los números de tarjeta y los códigos de seguridad no se guardan nunca: los procesa la pasarela de pago. De una transferencia tampoco necesitas conservar la cuenta de la pareja.
Funciona con pocas bodas, pero se desactualiza porque está desconectada del trabajo: el contrato se firma en un correo y la galería se publica en otro sitio. Además suele obligar a partir la pareja en dos filas. Cuando la ficha vive donde ocurre el trabajo, los hitos se actualizan solos.
En Revea cada consulta entra como ficha desde tu formulario con la fecha, el lugar y el canal de origen; el contrato se firma online, la galería se publica desde la misma ficha y los hitos de reserva y entrega se derivan de lo que ya hiciste. Prueba 30 días gratis, sin tarjeta.
Probar Revea gratisQué campos poner en el formulario de contacto de tu web de fotógrafo de boda para dar precio en la primera respuesta y filtrar las consultas que no encajan.
Cuánto tiempo puedes conservar las fotos de una boda según el RGPD: plazos por tipo de archivo, cómo escribir tu política y qué borrar en cada momento.
RGPD para fotógrafos de boda explicado sin jerga: base legal, derecho de imagen para el portfolio, invitados, conservación y búsqueda por cara.
La ficha de cada boda con los dos novios, workflow por pasos, calendario con feed ICS y analíticas de canal y conversión.