Contratos
Un contrato de vídeo de boda tiene que dejar por escrito seis cosas: qué piezas entregas y cuánto dura cada una, con qué equipo y cuántas personas cubres el día, el plazo de entrega de cada pieza, cuántas rondas de cambios entran en el precio, qué ocurre con la música y los derechos de uso, y las condiciones de señal, cancelación y aplazamiento. Todo lo demás se puede heredar de un contrato de fotografía; eso no.
En esta guía tienes las cláusulas propias del vídeo, cómo redactarlas sin lenguaje jurídico, los tres puntos donde se concentran casi todos los conflictos reales y cómo firmar el contrato online para no perder semanas entre el "nos encantáis" y la reserva en firme.
Actualizado: septiembre 2026
Un contrato de fotografía se rompe casi siempre por el precio, la cancelación o los RAW. Un contrato de vídeo se rompe por otra cosa: por la distancia entre lo que la pareja imaginó y lo que recibe. Ellos vieron un tráiler de dos minutos en tu Instagram, tú vendiste un resumen de ocho, y la ceremonia entera nadie sabía si estaba dentro o fuera.
La segunda diferencia es el tiempo. Las fotos de una boda se entregan en España entre 4 y 12 semanas; la película, entre 3 y 12 meses. Ese plazo largo convierte el contrato en el único sitio donde consta qué se espera y cuándo, porque para cuando entregues, la conversación de WhatsApp de hace nueve meses ya no la recuerda nadie.
La tercera es que en vídeo hay un tercero implicado: la música. Una canción comercial en el montaje no es un detalle estético, es una licencia que alguien tiene que tener. Un contrato de fotografía puede ignorar ese asunto; uno de vídeo, no.
Esta es la cláusula que evita más discusiones y la que peor se redacta. No sirve "edición del vídeo de la boda": hay que nombrar cada pieza, decir cuánto dura aproximadamente y en qué formato se entrega. Las duraciones habituales del sector están bastante asentadas y conviene usarlas como referencia.
El formato de entrega al cliente es MP4 con códec H.264 a 1080p o 4K en prácticamente todos los casos: se reproduce en cualquier navegador, móvil o televisor sin instalar nada. Los másteres en códecs intermedios son material de trabajo, no entregables, y si alguien los quiere se pactan y se cobran aparte.
Junto a las piezas, describe la cobertura: hora de inicio y de fin, número de cámaras y de operadores, si hay segunda jornada (preboda, postboda) y si grabas audio con micrófonos independientes. Si vuelas drone, deja escrito que la cobertura aérea queda sujeta a la normativa aplicable y a los permisos del lugar, y que puede no realizarse por meteorología o por restricciones del espacio: es una de las promesas que más veces se cae el mismo día.
Pon dos fechas, no una. El tráiler se entrega en las semanas siguientes a la boda y la película meses después, así que un plazo único no describe tu servicio. Escríbelo como máximos contados desde la fecha de la boda, y sé conservador: prometer diez semanas y entregar en ocho juega a tu favor; al revés, no.
Si además cubres fotografía, separa los plazos de foto y de vídeo en dos líneas distintas. Es la fuente de malentendidos más barata de eliminar de todo el contrato.
Y añade el número que casi nadie escribe: cuántas rondas de cambios entran en el precio. En vídeo, "un cambio" puede ser mover un plano o rehacer el montaje entero, así que conviene concretar el alcance además del número. Lo habitual es una ronda de ajustes menores sobre el montaje entregado, con las revisiones adicionales presupuestadas aparte, y un plazo para pedirlos: pasados, por ejemplo, quince días desde la entrega, la pieza se da por aceptada.
La música de un vídeo de boda necesita una licencia que cubra ese uso. Lo habitual entre profesionales es trabajar con librerías de música que venden licencias para uso comercial, precisamente para no depender de la buena voluntad de nadie. Si la pareja pide una canción comercial concreta, el contrato debe decir quién asume la gestión de esa licencia, qué ocurre si no se consigue y qué alternativa se aplica entonces.
Conviene añadir el escenario práctico: si la pareja sube la película a una plataforma social y un sistema automático de detección de derechos la silencia, la retira o le inserta publicidad, eso no es un defecto de tu trabajo. Dejarlo escrito ahorra un correo muy incómodo meses después. Entregar la película en tu propia galería, y no depender de una red social para que la pareja la vea y la enseñe, reduce bastante ese riesgo.
En esta cláusula, como en cualquier otra con implicaciones legales, escribe lo que de verdad haces y consulta con tu asesoría antes de darla por buena. Un párrafo copiado de otro país puede no encajar con tu forma de trabajar ni con tu situación.
La señal no es un adelanto del precio: es la contraprestación por bloquear una fecha que dejas de vender a cualquier otra pareja. Redáctala así, con el importe, el momento del pago y en qué casos se devuelve. En España lo habitual se mueve entre el 20 % y el 30 % del total a la firma, con el resto pactado antes o justo después de la boda.
El aplazamiento merece su propio párrafo desde 2020. Define qué ocurre si la pareja cambia la fecha: si la señal se traslada, durante cuánto tiempo, qué pasa si la nueva fecha no está libre en tu agenda y si el precio de la temporada siguiente se mantiene. Sin esa cláusula, cada aplazamiento es una negociación desde cero.
Por último, el límite de responsabilidad. En vídeo el riesgo técnico es mayor que en foto: fallan tarjetas, se pierde audio, un micrófono deja de grabar en mitad de los votos. Explica las medidas que tomas —doble grabación de audio, copias de seguridad el mismo día, equipo de respaldo— y hasta dónde llega tu obligación si aun así algo se pierde. Un límite razonable y explícito protege a las dos partes mejor que el silencio.
Necesitas autorización expresa de la pareja para usar imágenes suyas en tu web, tu portfolio y tus redes, y conviene recogerla en el propio contrato con una casilla clara, incluida la opción de decir que no. En una boda hay además invitados que no firman nada, así que si vas a publicar planos donde salgan otras personas, más aún si hay menores, trata ese punto con cuidado y con tu asesoría.
Explica también cómo entregas. Que la película se ve online en streaming adaptativo y se descarga en calidad original, que el enlace es una galería privada y que esa galería tiene una fecha de disponibilidad, con la opción de renovarla si la pareja la quiere más tiempo. Es información que evita el mensaje de dentro de tres años preguntando por un enlace caducado.
El contrato firmado hay que conservarlo, y con él el registro de quién firmó y cuándo. Una carpeta con PDF escaneados funciona hasta que hace falta demostrar algo; un contrato firmado electrónicamente con su certificado de auditoría, no.
Sobre la firma: cada día que el contrato pasa en un cajón, o esperando a que alguien lo imprima y lo escanee, es un día en el que otra propuesta puede entrar por la puerta. Con firma electrónica, la pareja lo abre en el móvil, lo lee y lo firma cada uno desde su casa. En Revea subes tu propio PDF —el de tu asesoría, no una plantilla impuesta—, colocas los campos de firma, nombre y fecha, y cada firmante recibe su enlace único; los dos novios firman en paralelo sin esperarse, los recordatorios automáticos persiguen al que se despista y el PDF final sale con el registro de auditoría y la huella SHA-256 del documento original.
Las partes, la fecha, la señal, la cancelación y los derechos de imagen ya los tienes resueltos. Lo que hay que añadir es lo específico del vídeo.
Tráiler, resumen, película y documentos íntegros, cada uno con su duración aproximada y su formato de entrega. Si una pieza no está en la lista, no está vendida.
Horario, cámaras y operadores; plazo del tráiler y plazo de la película por separado; rondas de cambios incluidas y ventana para pedirlos.
De dónde sale, quién licencia una canción concreta si la piden y qué pasa ante una reclamación automática en una plataforma social.
Una revisión profesional al año, al cerrar temporada, con las situaciones nuevas que te hayan salido. Es de las mejores inversiones por hora del negocio.
Sube el PDF, coloca los campos y manda el enlace a los dos novios. La reserva se cierra mientras la conversación sigue caliente.
Las partes y sus datos fiscales, la fecha y el horario de cobertura, el equipo y las personas que graban, la lista de piezas con su duración y formato, los plazos de entrega de cada una, las rondas de cambios incluidas, el origen y la licencia de la música, el precio con señal y forma de pago, la cancelación y el aplazamiento, los derechos de imagen y el límite de responsabilidad.
Puede servir la base, pero no tal cual. Un contrato de vídeo necesita cláusulas propias: qué piezas se entregan y cuánto duran, plazos separados de los de fotografía, número de revisiones del montaje y la licencia de la música. Si cubres las dos cosas, lo práctico es un único contrato con dos apartados de entregables y dos plazos.
Lo habitual es una ronda de ajustes menores sobre el montaje entregado, con las siguientes presupuestadas aparte. Más importante que el número es definir qué cuenta como cambio menor y poner una ventana para pedirlo, por ejemplo quince días desde la entrega, tras los cuales la pieza se da por aceptada.
No. La música necesita una licencia que cubra ese uso, y por eso la mayoría de profesionales trabaja con librerías que venden licencias comerciales. Si la pareja pide una canción concreta, deja escrito quién gestiona la licencia, qué alternativa se aplica si no se consigue y qué pasa si una plataforma social silencia o retira el vídeo.
En España lo habitual es entre 3 y 12 meses para el vídeo, frente a las 4 a 12 semanas de las fotos. Pon dos fechas: una para el tráiler, en las semanas siguientes a la boda, y otra para la película. Escríbelas como plazo máximo desde la fecha del enlace y déjate margen de temporada alta.
Sí. El reglamento europeo eIDAS reconoce la firma electrónica en toda la Unión Europea y no se le pueden negar efectos jurídicos solo por ser electrónica. Lo que aporta valor probatorio es la trazabilidad: quién firmó, cuándo, desde dónde y sobre qué versión exacta del documento.
Es lo recomendable: el servicio es para los dos y las decisiones de cancelar, aplazar o autorizar el uso de imágenes les afectan a ambos. Con firma electrónica multi-firmante cada uno recibe su propio enlace y firma en paralelo, sin que el proceso se alargue.
Sube tu PDF, coloca los campos y los dos novios firman desde el móvil, cada uno con su enlace, con recordatorios automáticos y certificado de auditoría. Prueba Revea 30 días gratis, sin tarjeta.
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