Entrega de bodas
Lo habitual en España es entregar entre 400 y 800 fotos editadas de una boda completa de día entero. Una cobertura de media jornada se mueve entre 200 y 400, y una boda larga con dos cámaras puede acercarse a 1.000. Por encima de esa cifra, la pareja deja de mirar antes de llegar al final.
Aquí tienes los rangos por tipo de cobertura, cómo hacer la criba para llegar a ellos sin dejarte nada bueno, qué número conviene escribir en el contrato y por qué, pasado cierto punto, el orden de las fotos pesa más que la cantidad.
Actualizado: agosto 2026
La respuesta corta, por servicio: boda completa de día entero, entre 400 y 800 fotos editadas; media jornada, entre 200 y 400; ceremonia civil corta, preboda o postboda, entre 80 y 150. Son cifras de entrega final, ya reveladas y ordenadas, no de disparos hechos.
Una regla de bolsillo extendida en el sector es contar entre 50 y 80 fotos por hora de cobertura. Sirve para presupuestar y para explicárselo a la pareja, pero no la apliques a ciegas: dos horas de preparativos dan menos fotos distintas que dos horas de fiesta.
Lo que mueve la cifra de verdad son tres variables, y conviene tenerlas claras antes de prometer nada:
La tentación de mandar 2.000 fotos es comprensible: parece más valor por el mismo precio. En la práctica ocurre lo contrario. La pareja abre la galería con sus padres, avanza con ganas los primeros minutos y a partir de cierto punto empieza a pasar en diagonal. De la entrega no recuerdan cuántas fotos había, sino cuántas les gustaron.
Entregar de más también te cuesta a ti. Son más horas de revelado, más peso en la descarga y más ocasiones de que una foto floja acabe circulando con tu nombre: un ojo cerrado, un escorzo raro, una repetida peor que la anterior. Tu trabajo se juzga por la foto más floja de la galería, no por la mejor.
El punto razonable es una selección editada donde no sobre nada. La prueba es sencilla: si dudas de una foto, esa foto sobra.
Antes de pelearte con el número, quita lo que no admite discusión. Entre el bruto de una boda y la entrega final hay una parte enorme de material que no aporta nada: fallos técnicos, ráfagas casi idénticas y momentos repetidos desde otro ángulo.
Con esta pasada, muchas bodas se quedan ya dentro del rango de entrega sin haber tomado ninguna decisión difícil. Lo que sobrevive es donde empieza tu criterio: qué historia cuentas y con cuántas fotos la cuentas. Si al terminar sigues muy por encima del rango, casi siempre es que quedan ráfagas sin resolver.
Ponlo como mínimo, nunca como cifra exacta. Una fórmula que funciona: "entrega mínima de 400 fotografías editadas". Si el día da para 700, entregas 700 y quedas por encima de lo prometido; si la boda es corta o el tiempo se estropea, cumples igual.
Evita comprometerte a un número cerrado del tipo "exactamente 600 fotos": te obliga a rellenar con material que no querías entregar solo para llegar a la cuenta. Y evita también el "todas las fotos del día", porque significa cosas distintas para ti y para la pareja, y es la fuente más habitual de discusión el día de la entrega.
Junto al número, deja por escrito el formato (JPG de alta calidad), el plazo de entrega y qué pasa con los archivos en bruto, que no forman parte del servicio salvo pacto expreso. En Revea el contrato se firma online desde el móvil y los dos novios firman en paralelo, así que ese acuerdo queda cerrado el mismo día de la reserva y no dos semanas después.
A una pareja que compara presupuestos, "400 fotos" al lado de "1.500 fotos" le parece peor oferta. El problema no es tu cifra, es que nadie le ha explicado qué está comparando. Y conviene explicarlo en la reunión de venta, no el día de la entrega.
La frase que suele resolverlo: entregamos las fotos que valen la pena, no todas las que disparamos. Cuenta que de una boda salen miles de disparos, que buena parte son ráfagas del mismo instante y que tu trabajo incluye elegir. Un fotógrafo que entrega todo lo que hizo no ha terminado el encargo, lo ha delegado en el cliente.
Si aun así la pareja quiere números grandes, dale contexto útil: cuántas fotos por escena aproximadamente, que estarán editadas una a una y que las tendrá organizadas por momentos del día en vez de en una carpeta de tres mil archivos. Esa comparación la gana siempre la selección.
Pasada cierta cantidad, lo que cambia la experiencia no es cuántas fotos hay, sino cómo están puestas. Cuatrocientas fotos ordenadas por capítulos del día (preparativos, ceremonia, cóctel, banquete, fiesta) se disfrutan mucho más que doscientas amontonadas sin criterio.
Ese es el trabajo que la pareja no ve pero sí nota. En Revea cada capítulo es una escena con su propia cabecera y el orden se cambia arrastrando; si la boda tiene vídeo, va arriba, porque es lo primero que quieren ver al abrir el enlace.
El orden resuelve además el otro problema del volumen: encontrarse. Con la búsqueda por cara activada, cada invitado se hace un selfie y ve solo las fotos en las que aparece, sin recorrer las ochocientas. Y las fotos marcadas como favoritas te dicen cuáles gustaron de verdad, que es justo la información que necesitas para proponer el álbum.
Primera vuelta sin pensar en la historia: fuera desenfoques, exposiciones perdidas y disparos de calentamiento. Es la pasada más rápida y la que más volumen quita.
Agrupa las secuencias casi idénticas y quédate con la mejor de cada una. Si dos aportan algo distinto, guarda las dos; si dudas, guarda una.
Reparte lo que queda en los capítulos del día y mira si alguno se ha quedado corto o desproporcionado. Aquí se ven los huecos y también los excesos.
Compara el total con el rango que prometiste y revisa la selección al día siguiente. En frío se cae siempre un 10% que la noche anterior parecía imprescindible.
Entre 400 y 800 fotos editadas para una boda completa de día entero es el rango habitual en España. Media jornada se queda entre 200 y 400, y una preboda entre 80 y 150. Son fotos ya reveladas y ordenadas, no el total de disparos hechos durante el día.
Mejor una selección editada que un volcado. Pasadas unas 800 fotos, la pareja empieza a pasarlas en diagonal y las flojas restan más de lo que suman las de relleno. Entrega solo lo que enseñarías en tu portfolio y deja fuera lo que dudas.
Una regla de bolsillo habitual es de 50 a 80 fotos editadas por hora contratada. Funciona como referencia para presupuestar, pero no todas las horas rinden igual: la fiesta y la ceremonia dan más fotos distintas que los preparativos o los tiempos muertos del banquete.
Explica qué incluye tu entrega antes de que surja: fotos editadas, no el bruto. Los archivos sin revelar son tu negativo digital y no forman parte del servicio salvo pacto expreso y con precio aparte. Dejarlo por escrito en el contrato evita la conversación entera.
El segundo fotógrafo multiplica el material bruto, no la entrega. Cubre ángulos simultáneos del mismo momento, así que buena parte de sus fotos son alternativas a las tuyas. La cifra prometida a la pareja debe ser del reportaje completo, no la suma de las dos cámaras.
Entre 80 y 150 fotos editadas es lo normal para una sesión de preboda de una o dos horas. Al ser una sesión dirigida hay muchas variaciones del mismo encuadre, así que la criba es más agresiva que en una boda: una por pose y localización.
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