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Se sube entre un 10 y un 20 por ciento de una temporada a la siguiente, con fecha de entrada anunciada y respetando el precio a quien ya tiene un presupuesto enviado. Una subida de ese tamaño no vacía la agenda: cambia qué parejas te escriben.
En esta guía tienes cuánto se puede subir sin romper nada, las señales de que tu tarifa lleva dos años corta, cuándo conviene hacerlo dentro del año de bodas español, qué tiene que cambiar además del número, cómo decírselo a quien ya te pidió precio y qué mirar en marzo para saber si la subida funcionó.
Por Equipo Revea · Actualizado:
Entre un 10 y un 20 por ciento de una temporada a la siguiente es el rango que absorbe el mercado sin que cambie el tipo de pareja que te escribe. Por debajo del 10 por ciento la subida se la come la inflación y el trabajo extra que has ido añadiendo sin cobrarlo. Por encima del 20 por ciento ya no es un ajuste: es un movimiento de posicionamiento y hay que acompañarlo de portfolio, oferta y canal.
Lo que casi nunca pasa es lo que se teme. Subir un 15 por ciento no deja la agenda vacía: el precio es uno de los cinco o seis factores con los que una pareja elige fotógrafo, y rara vez el primero. Lo que sí baja son las consultas de quien buscaba el presupuesto más bajo, que son las que más tiempo consumen antes de no reservar.
La cuenta que conviene hacer antes es la inversa. Si subes un 15 por ciento, puedes perder un 13 por ciento de las bodas y facturar lo mismo con menos fines de semana ocupados. Con veinte bodas al año eso son dos bodas menos y las treinta o cuarenta horas de postproducción de cada una de vuelta en tu calendario. La subida no se mide en bodas perdidas, sino en euros por hora trabajada.
| Subida | Qué suele pasar | Cuándo tiene sentido |
|---|---|---|
| Menos del 10 % | Apenas se nota en la conversión ni en el resultado del año | Ajuste anual por costes, sin tocar la oferta |
| Del 10 % al 20 % | Alguna consulta menos y un número de bodas parecido | La agenda se te llena meses antes de la temporada |
| Del 20 % al 40 % | Cambia el perfil de pareja que escribe y el canal que funciona | Portfolio y oferta renovados, con una temporada de margen |
| Más del 40 % de golpe | Te coloca en otro rango de mercado, con otra competencia | Solo con un cambio real de producto, no de etiqueta |
La señal más fiable es la velocidad a la que se llena la temporada. Si en enero ya tienes cerrados los sábados de junio y septiembre, cobras por debajo de lo que el mercado te pagaría: una agenda que se llena con meses de antelación avisa de que vendes barato un recurso que se agota.
La segunda es que nadie discute. Si ninguna pareja comenta el precio, ninguna pide un plazo más y todas aceptan el presupuesto en el primer envío, no estás tocando el techo de nadie. Un porcentaje de noes por precio no es un fracaso: es la prueba de que la tarifa está donde debe.
Las otras tres son de margen: entregables añadidos sin tocar el número, costes de trabajar que han subido sin repercutirse y más horas por boda porque editas mejor que hace tres años. Las tres significan lo mismo, que cobras lo de hace tres temporadas por el trabajo de esta.
Al cerrar la temporada, con efecto sobre las consultas que entren a partir de una fecha concreta y anunciada. En España las bodas se concentran de mayo a octubre y buena parte de las consultas del año siguiente llegan entre noviembre y marzo, cuando la pareja acaba de poner fecha. Si quieres que la tarifa nueva trabaje durante toda esa ola, tiene que estar publicada antes de que empiece.
Octubre y noviembre son el momento natural: has terminado de cubrir, sabes cuántas bodas hiciste y cuánto te costó cada una, y aún no has enviado presupuestos de la temporada siguiente. Subir en marzo, con media agenda cerrada a precio viejo, solo afecta a las fechas que nadie quería.
Hay un caso en el que conviene esperar: si vienes de una temporada con los plazos desbordados y galerías sin cerrar. Primero se entrega lo pendiente y se arregla el flujo; después se sube. Anunciar una tarifa nueva mientras tres parejas del verano siguen esperando su galería invita a esa misma pregunta.
Una subida sola es un número más alto por lo mismo; una que se sostiene viene con una oferta que se entiende mejor que la del año anterior. No hace falta regalar nada, sino que la pareja vea con claridad qué compra: casi toda objeción de precio es en realidad falta de información.
Lo primero que conviene revisar es el "qué incluye": horas de cobertura, segundo fotógrafo, cuántas fotos revelabas de verdad, plazo de entrega comprometido y cuánto tiempo estará disponible la galería. Escrito, en el presupuesto y en el contrato, no explicado por mensajes. Un presupuesto que detalla el alcance aguanta una subida que un precio suelto no aguanta.
Lo segundo es cómo se paga. Repartir el importe en dos o tres plazos —señal, un pago intermedio y el resto antes de la entrega— baja la fricción de un número mayor sin tocar el total ni regalar margen. En Revea el catálogo de servicios guarda ese "qué incluye" una vez, viaja al presupuesto de cada boda y de ahí al contrato, y los plazos se definen como pasos de tu flujo, de modo que subir la tarifa no te obliga a reescribir nada en cada consulta.
Respetando lo enviado y poniéndole caducidad. Todo presupuesto ya mandado se mantiene hasta su fecha de validez y, a partir de ahí, rige la tarifa nueva. No es una concesión: es lo que hace defendible la subida, porque nadie puede decir que le cambiaste el precio a mitad de conversación.
La forma importa menos de lo que parece, siempre que haya fecha. Un mensaje de tres líneas a las consultas abiertas, con el día en que cambia la tarifa y hasta cuándo vale su presupuesto, cumple con quien estaba decidiendo y mueve a quien llevaba dos meses sin contestar. Es de los pocos motivos legítimos para reactivar una consulta parada.
Lo que no funciona es justificar la subida con tus costes. A la pareja no le interesa tu factura de almacenamiento ni lo que te cuesta el seguro, y además abre un debate que no quieres tener. La subida se explica mirando hacia delante, con lo que la pareja recibe, o directamente no se explica: una tarifa nueva no necesita disculpa.
No por cuántas bodas firmaste, sino por tres cifras juntas: consultas recibidas, porcentaje de las que acaban reservando y facturación de la temporada. Una subida bien calibrada deja las consultas más o menos igual, baja algo la conversión y sube la facturación. Si bajan las tres, te has pasado o has subido sin tocar la oferta.
El plazo mínimo para juzgarlo es una ola de consultas entera, de noviembre a marzo. Las consultas de boda llegan a tirones y una quincena floja no dice nada. Además, la conversión solo es un porcentaje fiable con una base suficiente de consultas ya decididas: con cinco o seis, lo honesto es leer la fracción.
Conviene además separar el motivo de los noes: perder diez consultas por fecha ocupada no dice nada de tu tarifa, y perderlas por precio sí. En Revea las analíticas de clientes enseñan la facturación por temporada, cómo se llena el año frente al anterior y por qué se pierde cada consulta, con el motivo apuntado al descartarla.
Divide lo facturado la temporada pasada entre las horas reales de cobertura, edición, entrega y administración. Ese número es lo que vendes de verdad.
Alcance, plazo de entrega, disponibilidad de la galería y qué pasa al caducar. Quita lo que nadie usa y escribe lo que ya hacías gratis.
Entre un 10 y un 20 por ciento si ajustas, más solo si cambias la oferta de verdad. Elige un día concreto, en octubre o noviembre.
Mensaje corto con la fecha del cambio y la validez de su presupuesto. Cierra las que decidían y despeja las que no iban a reservar.
El mismo número en los tres sitios el mismo día. Una web con la tarifa vieja negocia en tu contra sin que te enteres.
Compara consultas, conversión y facturación con la misma ventana del año anterior. Ajusta para la temporada siguiente, no a mitad de la ola.
Entre un 10 y un 20 por ciento es el rango que el mercado absorbe sin que cambie el perfil de pareja que te escribe. Por debajo del 10 por ciento la subida se la comen la inflación y el trabajo extra que has ido añadiendo; por encima del 20 por ciento hace falta renovar también portfolio y oferta.
Al cerrar la temporada, en octubre o noviembre, para que la tarifa nueva esté publicada antes de la ola de consultas de invierno. Buena parte de las parejas españolas pide presupuesto entre noviembre y marzo, así que subir en primavera solo afecta a las fechas que todavía quedan libres.
Sí. Un presupuesto enviado se mantiene hasta su fecha de validez y a partir de ahí rige la tarifa nueva. Es lo que hace defendible la subida y, de paso, un motivo legítimo para escribir a las consultas paradas y moverlas a decidir.
El mismo número debe estar en la web, en el presupuesto y en el contrato desde el día de entrada, aunque solo publiques la tarifa de entrada. No hace falta anunciar que has subido: una web con el precio viejo negocia en tu contra en cada consulta.
Mirando hacia delante, con lo que recibe: alcance, plazo de entrega, disponibilidad de la galería. No con tus costes, porque abre un debate que no te conviene y a la pareja no le interesa. En la mayoría de los casos, un presupuesto detallado evita que la pregunta llegue a hacerse.
Perder algunas es lo esperado y no significa que te hayas pasado. Con una subida del 15 por ciento puedes perder cerca del 13 por ciento de las bodas y facturar lo mismo con menos fines de semana ocupados. Lo que hay que vigilar es perder bodas sin que suba la facturación.
Una ola completa de consultas, de noviembre a marzo. Las consultas de boda llegan a tirones y dos semanas flojas no dicen nada. Compara consultas recibidas, porcentaje que reserva y facturación con la misma ventana del año anterior, y separa los noes por precio de los noes por fecha ocupada.
En Revea el catálogo de servicios guarda el "qué incluye" y el precio una sola vez, viaja al presupuesto de cada boda y de ahí al contrato que la pareja firma, y las analíticas te enseñan la facturación por temporada y por qué se pierden las consultas que no reservan. Prueba 30 días gratis, sin tarjeta.
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