Archivos pesados
Pídelas a la pareja con un enlace de subida, no en el grupo de la boda, y hazlo dentro de las dos primeras semanas. La pareja reenvía ese enlace a las cuatro o cinco personas que de verdad disparaban, cada una abre el enlace en el navegador del móvil, sube los archivos originales desde su carrete y el material aparece en tu cuenta sin que nadie se registre en nada. Pasado un mes, la mitad de esas fotos ya no existen o están recomprimidas.
En esta guía tienes para qué te sirven de verdad esas fotos, cuándo pedirlas antes de que desaparezcan, por qué el grupo de mensajería es el peor canal posible, qué formato pedir exactamente y qué permisos necesitas antes de publicar una foto que no has hecho tú.
Actualizado: octubre 2026
Para tapar los huecos que tu cobertura no puede cubrir, no para sustituir tu trabajo. En una boda hay tres o cuatro momentos simultáneos que una o dos cámaras no alcanzan: la novia terminando de vestirse mientras los invitados ya llegan, lo que pasa en el autobús, la cena en la mesa de los amigos y casi todo lo que ocurre después de que te vayas. Ahí es donde un móvil ajeno aporta algo que tú no tienes.
Hay un segundo motivo, menos obvio: adelantarte a la petición. Si entregas la galería y luego la pareja te manda cuarenta imágenes de mensajería pidiendo que las metas "con las tuyas", tienes un problema de calidad y de criterio. Si lo has pedido antes, lo recibes en condiciones y lo colocas donde decidas.
Y hay un tercero: no todo lo que llega merece entrar. Una boda genera cientos de imágenes de móvil desenfocadas, repetidas o con un flash que arrasa la escena. El valor está en diez o quince, y la selección es tuya.
En los primeros diez o quince días después de la boda. No es una preferencia de organización, es una cuestión de que el archivo siga existiendo. Un móvil lleno empieza a borrar lo más pesado, las copias de seguridad automáticas sustituyen el original por una versión ligera para ahorrar espacio, y la gente limpia el carrete al volver de un fin de semana cargado de fotos.
Lo que sí conviene hacer antes de la boda es avisar. Cuando pasas la última llamada con la pareja, diles que después les vas a pedir las fotos de móvil de las personas que más disparan, y que avisen a esas personas de que no borren nada. Es una frase, y multiplica lo que recibes: el invitado que sabe que se le van a pedir, conserva.
El orden que funciona es pedirlo a la pareja y que la pareja reparta. Tú no tienes el teléfono de la prima ni te interesa tenerlo, y una petición que llega del fotógrafo a un desconocido se queda sin respuesta. La misma petición reenviada por los novios se contesta casi siempre.
Porque las aplicaciones de mensajería recomprimen las imágenes al enviarlas. Lo que recibes no es la foto que hizo el invitado: es una versión reducida y vuelta a comprimir, sin los datos de captura, con la hora del envío en lugar de la hora del disparo y con el nombre del archivo cambiado. Para verla en una pantalla de seis pulgadas da igual; para colocarla en una galería al lado de tus archivos, no.
El segundo problema es el orden. Cuarenta imágenes sueltas en una conversación llegan mezcladas con mensajes, audios y capturas de pantalla, y recuperarlas significa guardarlas una por una. El tercero es el techo: un vídeo vertical de dos minutos grabado en alta resolución no entra en un mensaje, así que lo que más te interesaría recibir es justo lo que no llega.
Si no hay otra opción, hay una salida parcial: pedir que lo manden como documento o archivo adjunto y no como foto, porque así la mayoría de aplicaciones no recomprimen. Funciona para cinco imágenes. Para una boda entera, lo que hace falta es un enlace de subida que acepte los archivos tal cual salieron del móvil.
Pide los archivos originales del carrete, no reenvíos ni capturas de pantalla. Es la única instrucción que hay que dejar clarísima, porque el error típico es subir fotos que ya han pasado por una conversación, o capturas de una historia de redes, que llegan con una cuarta parte de los píxeles y el logotipo de la aplicación encima.
La segunda instrucción es que no seleccionen por ti, pero tampoco lo suban todo. Un rango útil es entre diez y treinta fotos por persona: lo que esa persona considera que mereció la pena. Si pides "todas", recibes seiscientas imágenes de un cumpleaños que no es el tuyo. Si no pides nada, recibes tres.
La tercera es el formato, y aquí no hace falta complicarse: acepta lo que salga del móvil tal cual. Los formatos modernos de iPhone y Android se convierten sin pérdida en cualquier revelador, y los vídeos verticales te interesan completos. Pide solo que suban desde la galería del teléfono, con conexión fija y el móvil enchufado: un gigabyte con datos móviles y la batería al veinte por ciento se queda a medias.
La foto que hizo un invitado es suya. En España el autor de una fotografía es quien la dispara, así que recibirla por un enlace no te convierte en titular de nada: puedes usarla para completar la entrega a la pareja porque el invitado te la manda justo para eso, pero publicarla en tu web o en redes necesita su permiso. Un mensaje escrito en el que autoriza ese uso concreto es suficiente y te deja constancia.
Y hay una segunda capa que es la de siempre: el derecho a la propia imagen de quien aparece retratado pertenece a esa persona, no al autor. Usar una imagen con fines promocionales exige el consentimiento de quien sale en ella (Ley Orgánica 1/1982, artículo 2.2), y eso vale igual si la foto la hizo un invitado con el móvil. Ser autor y poder publicar son cosas distintas.
Por último, trata ese material como lo que es: datos personales de terceros que te han llegado para una finalidad concreta. Consérvalo mientras haga falta para la entrega y bórralo cuando ya no sirva, y evita hacer de archivo indefinido del carrete ajeno. Si vas a usar algo de ahí en tu portfolio, pídelo por escrito; si tienes dudas sobre un caso concreto, consulta con tu asesoría.
En Revea esto son las solicitudes de archivos de Revea Transfer. Creas una solicitud, se la mandas a la pareja y ellos reenvían el enlace a quien quieran: cada persona lo abre en el navegador del móvil, elige las fotos del carrete y las sube directamente a tu cuenta. No se registra nadie, no se instala nada y no hay contraseñas nuevas. Cuando una subida termina, recibes el aviso.
Las piezas son las mismas que usamos para mover brutos y masters, así que el material llega sin recortes: no hay límite de tamaño por archivo ni por envío más allá de la cuota de Transfer de tu plan, las subidas van directas al almacenamiento sin pasar por un servidor intermedio y se reanudan solas si la conexión se corta, que con un móvil en una red doméstica pasa. Si el material es sensible, el portal de recepción puede pedir un código de un solo uso enviado al correo de la persona.
Después, la boda sigue en el mismo sitio. Lo que selecciones puede subir a la galería de la pareja como una escena aparte, con su propia cabecera, de modo que queda claro qué es tu reportaje y qué aportaron los invitados. Y los vídeos verticales que lleguen se reproducen en la misma galería que la película, sin tratarlos como un archivo adjunto. Transfer está incluido en los planes Professional y Studio, y disponible completo durante la prueba de 30 días.
En la última llamada con la pareja, di que después pedirás las fotos de móvil de quienes más disparen y que avisen de no borrar nada. Una frase que decide cuánto recibes.
Una sola solicitud de archivos para toda la boda, reenviable. Varios enlaces individuales multiplican el trabajo de seguimiento y no mejoran nada.
Originales del carrete, entre diez y treinta por persona, vídeos completos. Y un plazo concreto: la primera semana tras la boda, con un recordatorio en la segunda.
Diez o quince imágenes que cubran lo que tu cámara no alcanzó. Descarta repetidas, desenfocadas y cualquier cosa que no esté a la altura del resto de la entrega.
Súbelas como escena aparte para que se distingan de tu reportaje. Si alguna va a tu portfolio, pide por escrito la autorización del invitado que la hizo.
Con un enlace de subida que se lo mandas a la pareja para que lo reenvíe. Cada invitado lo abre en el navegador del móvil, elige las fotos de su carrete y las sube a tu cuenta sin registrarse ni instalar nada. Añade tres instrucciones en el mensaje: originales del carrete, entre diez y treinta por persona y un plazo concreto.
Cuenta con dos semanas útiles. Después, los móviles llenos empiezan a borrar lo más pesado y las copias de seguridad automáticas sustituyen el original por una versión ligera para ahorrar espacio. Lo que llegue pasado el mes suele venir ya recomprimido o directamente no estar.
Puedes, pero recibirás versiones recomprimidas, sin datos de captura y sin los vídeos largos, que no caben. Si son cinco imágenes, pide que las manden como documento o archivo adjunto y no como foto: así la mayoría de aplicaciones no las recomprime. Para una boda entera, un enlace de subida.
Solo con su permiso. El autor de una fotografía es quien la dispara, así que recibir el archivo no te da derecho a explotarla: pide por escrito la autorización para ese uso. Y recuerda que quien aparece retratado conserva su derecho a la propia imagen, que exige su consentimiento para usos promocionales.
Sí, pero separadas. Una escena aparte con su propia cabecera deja claro qué es tu trabajo y qué aportaron los invitados, y evita que una imagen de móvil se juzgue con la vara de medir de tu entrega. Mezcladas en la misma escena, bajan la percepción de todo el conjunto.
Entre diez y treinta. Si pides "todas las que tengas", llegan cientos de imágenes repetidas y desenfocadas que tendrás que revisar una por una. Si no pones cifra, llegan tres. El rango funciona porque obliga a la persona a elegir sin convertirlo en una tarea larga.
Lo que salga del móvil tal cual. Los formatos modernos de iPhone y Android se convierten sin pérdida en cualquier revelador, y pedir una conversión previa solo añade un paso donde se pierde calidad. Los vídeos, completos y sin recortar, también los verticales: luego decides tú qué usas.
Las solicitudes de archivos de Revea Transfer dan a la pareja y a sus invitados un enlace de subida sin registro ni instalación, sin límite de tamaño y con reanudación si se corta la conexión, y te avisan cuando cada uno termina. Prueba Revea 30 días gratis, sin tarjeta.
Probar Revea gratisCómo compartir las fotos de la boda con los invitados sin caos: link de invitados propio, control de descargas y búsqueda por cara para encontrar sus fotos.
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